Caracas, 2015 Las últimas luces del sol caen sobre la ciudad, algunos charcos quedan en las calles reflejando los naranjas y rosas del atardecer. La lluvia pasó por aquí hace rato, una multitud se arremolina, una nueva cola se deja entrever, magnética, seductora. Unos detrás de otros, cada quien con sus vivencias, con sus necesidades, con sus historias, largas filas se acumulan, doñas de la juventud prolongada, jóvenes avejentados, hombres maduros, algunos desempleados, otros escapados de su casa, muchos revendedores esperando su oportunidad, algunos oportunistas desubicados, algún carterista buscando una víctima inocente, muchas madres preocupadas, hijos buscando la medicina de sus madres y padres. La escena se repite desde la puerta de supermercados y abastos, en farmacias y hasta en bombas de gasolina, filas que salen a la calle, colas que le dan la vuelta a la cuadra. En la esquina alguien pregunta, “¿para qué es esta cola?” Una señora que con una bolsa lleva dos horas ...
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