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jueves 19 de noviembre de 2009

El Muro ante el malecón de La Habana


Se celebran dos décadas de una verdadera primavera de los pueblos, la caída del Muro de Berlín, proceso de liberación que trajo consigo la democratización de Europa Oriental y una inmensa expansión del capitalismo hacia el este.

Quedan pocos restos de los regímenes comunistas de planificación centralizada y partido único. En Asia apenas Corea del Norte, que invierte sus recursos en armamento nuclear mientras somete a su sociedad al empobrecimiento y la opresión.

China y Vietnam evolucionaron hacia nuevas formas de autoritarismo, sobre los que se coloca un manto global de hipocresía, que obvia la violación de DDHH y la inexistencia de libertades políticas tras la justificación de su liberalización comercial y la expansión de sus exportaciones de bajo costo.

La lucha entre la reciente cultura democrática y el antiguo legado autoritario marca a los estados herederos de la hegemonía soviética. Luego de que la transformación económica no generara la prosperidad a la velocidad esperada, la emergencia de nuevos autoritarismos y la tensión entre la Unión Europea , EEUU y Rusia sobre la región determinan su dinámica política.

En nuestro continente yace otro resto de esa antigua esperanza, convertida en pesadilla: Cuba. Ante el malecón de La Habana se despliega un inmenso muro, levantado por la obsesión de poder de Uno, la tozudez de otros y sostenido con la hipocresía indolente de muchos.

El fracaso de la Revolución Cubana es total y rotundo, no puede mostrar una industrialización que haya modificado su estructura económica y sus “méritos sociales” han sido superados por otros países latinoamericanos sin aniquilar las libertades. La Revolución , presentada como esperanza en 1959, ha devenido en el régimen despótico más longevo del continente.

Aunque Latinoamérica se democratizó entre 1979 y 1991, la ola se detuvo ante La Habana por diversas razones. La confrontación estadounidense le permitió a la Revolución cubrirse con el manto del nacionalismo cubano, convirtiendo el embargo comercial en excusa para evadir su fracaso.

Parte de la responsabilidad recae sobre Latinoamérica. En los ochenta cada nueva democracia incrementaba la presión sobre las dictaduras restantes, convirtiendo la democratización en un proyecto de liberación continental. Aunque Felipe González y Carlos Andrés Pérez presionaron infructuosamente a Castro para iniciar una apertura democrática en Cuba, esta presión apenas fue perceptible en La Habana.

Un manto cubrió el carácter despótico del régimen cubano. La violación de DDHH y la inexistencia del más mínimo atisbo de pluralismo se señalaba a media voz, mientras se recurría a una supuesta dignidad por confrontar a EEUU o a sus “avances sociales” como disculpa para su opresión interna.

Esa hipocresía organizada preservó el museo histórico de la Revolución Cubana. Desde esa referencia idealizada se generó una nueva arremetida autoritaria, disfrazada de ropaje revolucionario, dedicada a minar las frágiles bases de las jóvenes democracias. Hoy se requiere un nuevo compromiso latinoamericano con la democratización de Cuba, porque si la democracia ha de sostenerse no se puede detener ante el malecón de La Habana.

[Artículo originalmente publicado en el Semanario "Enfoque Complejo"]

lunes 2 de noviembre de 2009

¿Rasgos de un nuevo mapa político en América Latina?


En la región se enfrentan hoy dos paradigmas, la democracia liberal, de reciente institucionalización, contra una nueva reacción autoritaria antiliberal, de múltiples implicaciones globales, que tiene a Venezuela como epicentro regional y a Cuba como modelo referencial.

En ese contexto de inestabilidad institucional regional, las elecciones uruguayas del 25 de octubre inician un nuevo ciclo. Tendremos siete presidenciales entre 2009 y 2010, luego de Uruguay se realizarán los particulares comicios de Honduras en noviembre, las elecciones generales del 6 de diciembre en Bolivia, para finalizar el año con las presidenciales chilenas el 11 de diciembre. Seguiremos 2010 con Costa Rica en febrero, Colombia en mayo y el 3 de octubre en Brasil.

Debemos señalar que es distinto el cambio político en democracias liberales consolidadas, como Uruguay, Chile, Costa Rica y Brasil, que el conflictivo avance del autoritarismo en Bolivia. Así como hay diferencias entre una institucionalidad sometida a una guerra interna y a una personalización de la política, como Colombia, y comicios realizados bajo el autoritarismo hondureño.

Tres procesos serán centro de atención del gobierno venezolano. Las presidenciales de Honduras, que los países del ALBA buscarán impedir, ya que puede abrir paso a la superación de la crisis política, dejando atrás el autoritarismo de Michelletti, otorgándole legitimidad popular a un nuevo gobierno pero impidiendo la Constituyente. La reelección de Evo Morales en Bolivia, que sería un paso más hacia la consolidación del eje autoritario de carácter antiliberal. Y finalmente, las presidenciales colombianas, bajo la sombra del personalismo de Uribe, bien alcanzando una segunda reelección o proyectando un sucesor.

Podríamos ver cambios en Chile y Brasil. Tras casi veinte años de gestión gubernamental exitosa, la Concertación Democrática chilena parece haber agotado su vigor, la popularidad de Bachellet no parece trasladarse a la candidatura de Eduardo Frei, quién se postula para la reelección frente al empresario derechista Sebastián Piñera. La debilidad de Frei ha fortalecido la figura del joven independiente Marco Enriquez–Ominami, un poco más a la izquierda del espectro, pudiendo incluso pasar a la segunda vuelta contra Piñera.

Otro gobierno exitoso, el de Lula Da Silva en Brasil, tampoco parece tener capacidad de trasladar su capital político y su imagen de buena gestión a Dilma Rousseff, candidata del Partido de los Trabajadores (PT). José Serra, gobernador de Sao Paulo, del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) podría triunfar en las presidenciales, distanciando aún más a Brasil de la influencia venezolana.

Estos son apenas trazos que podrían anunciar un nuevo mapa político. En este marco, el compromiso con la defensa de la institucionalidad democrática liberal, bajo gobiernos de izquierda o de derecha, debe ser rasgo transversal de cualquier política regional progresista, porque el autoritarismo intentará intervenir los procesos electorales.

[Artículo publicado previamente en "Enfoque Complejo"]

Caracas después de La Bonanza: más allá de recolectar basura


La consigues en la calle al caminar, su olor te asalta antes de que puedas verla, ha sido objeto de confrontación entre autoridades municipales, e incluso nacionales, siendo mencionada en cadenas presidenciales. La basura se ha convertido en presencia permanente, hasta mimetizarse con el paisaje cotidiano; nos hemos acostumbrado a la degradación de nuestra calidad de vida.

Las ciudades son grandes generadoras de basura, pero urbes mucho más grandes que Caracas han logrado disponer eficientemente de sus desechos. Esto empieza por superar la concepción artesanal y asumir la complejidad, no se trata de “recoger basura” sino de enfrentar, desde un enfoque metropolitano sistémico, el manejo integral y sustentable de los desechos, pasar de la cultura del botadero a la del reciclaje.

Los tiempos de La Bonanza y de Las Mayas, tal como las conocemos, han terminado. Esta crisis evidencia el colapso del ordenamiento caraqueño y es necesario combinar un cambio de políticas públicas con un cambio cultural. No basta con medidas efectistas, se necesita un plan de ordenamiento metropolitano construido en diálogo entre las distintas municipalidades, con la presencia del sector privado y de puertas abiertas a la ciudadanía.

Se requiere una masiva inversión pública en infraestructura, para generar una red de recolección diferenciada, procesar separadamente los desechos, construir plantas modernas de tratamiento, de reciclaje, etc. Simultáneamente se necesita una política comunicacional que genere una nueva cultura ciudadana del reciclaje, desde el hogar hasta la calle, un modelo de manejo eficiente de los desechos.

Debemos sacar la basura del conflicto, ya que esta solución integral requiere de un diálogo plural. No podemos permitir que la basura se eternice como parte del paisaje caraqueño.

[Artículo publicado en "Caracas es el reto"]

viernes 23 de octubre de 2009

La ruta latinoamericana hacia el Desarrollo Humano


El Desarrollo Humano (DH) concebido por Amartya Sen, Nobel de economía, y posteriormente convertido en índice por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) constituye un gran avance para el diseño de políticas públicas, al superar enfoques que limitaban el desarrollo al crecimiento económico.

La libertad plena del ser humano es núcleo central de dicha concepción, y la intervención pública adquiere sentido, solo si es capaz de convertirse en un proceso de liberación de las capacidades humanas, es decir, la superación de aquello que oprime al individuo y le impide desarrollar libremente su proyecto de vida. Dentro de esta perspectiva la libertad política constituye un fin en sí mismo, no puede haber DH sin democracia.

El PNUD convirtió este concepto en un índice para facilitar comparaciones y mediciones a través de indicadores. Este índice integra esperanza de vida, tasa de alfabetización de adultos y de matriculación, con el PIB per cápita en una cifra. Para el informe anual se emplean cifras oficiales, las cuales, en sociedades abiertas y democráticas, pueden ser contrastadas con fuentes independientes, garantizando mayor transparencia y fidelidad.

Los tres primeros países en IDH son Noruega, Islandia y Australia, democracias plenas, sociedades abiertas, con economías capitalistas, pero con una fuerte intervención social y económica del Estado. En un lejano 13º lugar se encuentra Estados Unidos, mientras que en el foso encontramos a Níger, Afganistán y Sierra Leona.

En Latinoamérica, la región más desigual, los índices de desarrollo humano nacional esconden muchas inequidades. No sólo aquellas entre pobres y ricos en las sociedades nacionales, sino entre regiones prósperas, capitales muchas de ellas, y regiones pobres.

El Cono Sur tiene nuevamente el mayor IDH regional. Chile, Argentina y Uruguay se encuentran a la cabeza, sociedades que tradicionalmente han contado con una clase media pujante, con infraestructuras urbanas más extendidas y con niveles educativos superiores a la mayoría de los países latinoamericanos.

Destaca Chile, con una democracia consolidada tras cuatro gobiernos de la Concertación (1991–2009), que ha logrado combinar una economía capitalista eficiente, competitiva, con destinos de exportación crecientemente diversificados, con una progresiva intervención del Estado, que ha aumentado su presencia durante los gobiernos de Lagos y Bachellet, más que todo en materia de gasto social y de estímulo al crecimiento con equidad.

Para que el DH sea real en Latinoamérica, siendo fieles a su concepción primigenia basada en la liberación plena de las capacidades del hombre, la vigencia de las libertades democráticas y la afirmación de una economía productiva que crezca con justicia social son imperativos permanentes y complementarios. Esa es la ruta.

[Artículo publicado originalmente en Enfoque Complejo]

martes 20 de octubre de 2009

Rumbo a la Asamblea Nacional en 2010: difíciles tareas en un camino pedregoso


Sin pasar por 2010 no hay 2012. Mi preocupación es que el camino es difícil, y las oportunidades de equivocarse son demasiadas, necesitamos hacer demasiadas cosas bien hechas para llegar sólidos y movilizados a las parlamentarias de 2010.

La Asamblea Nacional tiene fundamentalmente tres funciones, la primera, y más conocida, es legislar, construir el entramado legal y jurídico que el Ejecutivo ha de aplicar y que el Poder Judicial ha de juzgar; la segunda, es controlar al Ejecutivo, establecer claramente los límites en el ejercicio del poder; y la tercera, pero no la menos importante, es ser el foro político central del país, la caja de resonancia de una sociedad plural.

Ninguna de las tres funciones ha sido efectivamente ejercida por la Asamblea Nacional electa en 2005. Ha depositado el grueso de sus facultades legislativas en el Ejecutivo por medio de Leyes Habilitantes, y las pocas veces que ha legislado lo ha hecho por “mandato ejecutivo” oprimiendo y controlando a la sociedad. No ha ejercido ningún tipo de función de control sobre el Ejecutivo Nacional, al convertirse simplemente en correa de transmisión de la voluntad presidencial. Finalmente, no ha sido el foro político de Venezuela al no representar la pluralidad de la sociedad, sino más bien ha afianzado su carácter sectario y faccioso, negándose incluso a ser interlocutora frente a una sociedad diversa, una Asamblea monocolor que aplasta y destruye cualquier posibilidad de disenso. Esta Asamblea Nacional ha sido la peor de toda la historia de Venezuela.

Que la próxima Asamblea Nacional sea representación real de una sociedad plural depende de lo que se pueda hacer desde las fuerzas democráticas de oposición. En manos de la próxima Asamblea Nacional puede encontrarse la transformación de los poderes públicos en Venezuela, por esa razón el Estado–gobierno–PSUV moviliza todo su poder para evitar la entrada de la oposición a este foro. El gobierno nacional, embarcado en la construcción de una hegemonía con rasgos totalitarios, está haciendo sus máximos esfuerzos, legales y extra legales, para reducir al mínimo cualquier representación pluralista en el próximo parlamento. A la próxima Asamblea Nacional le tocará ser foro político en un lustro clave para determinar el futuro de nuestro país, ya que en 2012 Venezuela deberá elegir nuevo Presidente, y éste parlamento se encuentra en medio del camino, para obstruir o facilitar.

Entonces resulta que para llegar a 2012 hemos de pasar por 2010. Estoy de acuerdo con Eugenio Martínez en que la única respuesta efectiva de las fuerzas democráticas frente al proyecto totalitario, impulsado desde el gobierno, es construir candidaturas unitarias, en listas y nominales, para las elecciones parlamentarias de 2010.

Las modificaciones a la Ley Orgánica de Procesos Electorales tienen dos objetivos fundamentales, conseguir una sobrerrepresentación de las fuerzas del gobierno, al dominar una mayor cantidad de circuitos electorales, y desestimular el voto de los sectores democráticos. La legislación electoral lleva claramente a un esquema de polarización en dos bloques, por lo que la conformación de listas unitarias es imprescindible para lograr que la Asamblea Nacional se acerque a representar la pluralidad de la sociedad venezolana.

La respuesta de las fuerzas democráticas debe estar marcada por la presentación de una alianza unitaria por un lado y un compromiso ciudadano contra cualquier política abstencionista por el otro, no se pueden cometer los errores de 2004 y 2005 (abstención) ni los de 2008 (escasa vocación unitaria en circuitos clave y difíciles).

La llave de la democratización venezolana estará en manos de la Asamblea Nacional elegida en 2010. Adelanto algunas reflexiones personales que he venido haciendo sobre los pasos a seguir para que podamos tener una mayoría de las fuerzas democráticas en la Asamblea Nacional electa en 2010, que le tocará legislar, establecer mecanismos de control sobre el Ejecutivo, transformar la configuración de los otros poderes del Estado, abriendo paso para las elecciones presidenciales de 2012.

Una agenda legislativa para la liberación democrática
Es necesaria el diseño y presentación de una propuesta legislativa alternativa, de las fuerzas democráticas, que implique el desmontaje de la legislación autoritaria y opresiva realizada desde una Asamblea Nacional dominada de manera absoluta por el gobierno.

Asimismo, esta propuesta legislativa debe expresar un cuerpo alternativo de valores y la existencia de un proyecto nacional democrático, de carácter liberador y modernizador. A lo largo de estos años, y en los últimos tiempos también en el seno de la mesa de unidad, se ha venido expresando un conjunto de consensos básicos en torno a una idea de modernidad democrática y progresista para Venezuela, convertir esto en una agenda legislativa alternativa es un primer movimiento en la dirección correcta.

Alianza unitaria: actores y métodos

Es imperativa la construcción de una Alianza perfecta que se exprese tanto en la totalidad de candidaturas nominales como en todas las listas, candidaturas unitarias que expresen y reconozcan tanto la pluralidad como el diferente peso político y electoral de las fuerzas democráticas.

Este es lo que ha presentado más dificultades. La construcción de la unidad implica el reconocimiento entre actores políticos diversos, en este sentido la Mesa de Unidad es un paso muy importante en la dirección correcta. Pero también se debe reconocer el distinto peso político de los actores, esto le otorga una natural preeminencia a los partidos políticos.

El discurso antipartidista, antipolítico, antipolíticos, centra su retórica en la oposición de ciudadanos versus partidos, evadiendo el hecho de que los partidos están formados por ciudadanos organizados en torno a proyectos de poder, no son extraterrestres ni fuerzas de ocupación, ni parte de una nobleza hereditaria.

Además, la legitimidad de los partidos proviene de una expresión ciudadana, más poderosa y representativa que cualquier encuesta, la expresión de los votos. La única manera de determinar efectivamente el peso específico de un partido político, como institución, es a través de sus resultados electorales. Así, cada uno de los partidos políticos representa a cientos de miles de ciudadanos, en el caso de UNT, por ejemplo, a 1,2 millones de voluntades ciudadanas. A partir de esa evidencia, con ese peso ciudadano, la dirigencia de los partidos políticos tiene toda la legitimidad para sentarse en una mesa de unidad.

Entonces, una vez que los actores políticos son capaces de construir un espacio común, donde existe ese reconocimiento base, se inicia un legítimo proceso de negociación, a efectos de constituir alianzas perfectas. El método de selección forma parte de la negociación, no puede ser previo, ya que esto limitaría las opciones, restringiendo la consecución del consenso imprescindible para movilizar organizaciones y cuadros.

Un proceso de negociación para la construcción de listas unitarias establecería los resultados de 2008 como una matriz inicial, ya que, a través de este método se reconoce un trabajo político plural convertido en votos, encaminando la conformación de la alianza unitaria construyendo unidad democrática con diversidad y organización. A partir de esta matriz inicial es que se abriría un diálogo con los más diversos actores de la sociedad.

El método de la construcción de consenso por la vía de la negociación es el más efectivo para que no haya derrotados, ni desgaste de los cuadros, ni gasto ingente de recursos. En aquellos circuitos en los que no haya sido posible construir acuerdos, se podrá pasar a métodos distintos: ahora sí podríamos hacer primarias en circuitos específicos o pasar a la comparación entre encuestas, método que entraña nuevos peligros, si no se establecen y respetan acuerdos previos.

Como vemos, los “nombres” sería lo último que se debatiría, ya que es aquello que mayor tensiones y dificultades genera, la construcción progresiva de acuerdos y consensos iría consolidando la alternativa unitaria para llegar, finalmente, a hablar de nombres propios para los diputados.

Hay un aspecto que me parece importante mencionar, apoyo este método ya que la representación parlamentaria democrática, necesaria para enfrentar los difíciles retos políticos entre 2005 y 2010 requiere de fuerzas organizativas sólidas, de partidos políticos, de cuadros, que la sostengan también fuera del foro parlamentario.

Si la Asamblea Nacional electa en 2010 se acerca a tener mayoría de las fuerzas democráticas recibirá toda la presión política del bloque de poder totalitario, estará sometida a una inmensa tensión, a escenarios recurrentes de violencia dirigida desde el poder.

Todo diputado de las fuerzas democráticas electo en 2010 ha de contar con un sostén organizativo y movilizador permanente fuera del Parlamento, por eso seguirá siendo imprescindible la institución partidista. La única manera de enfrentar efectivamente dichas presiones autoritarias es que la fracción parlamentaria democrática cuente con cuadros organizativos fuertes que puedan proponer y movilizar tanto en la calle como en el foro, es decir, ciudadanos organizados permanente y nacionalmente, esos son los partidos políticos.

Finalmente, las fracciones parlamentarias democráticas han de ser también una prefiguración del futuro, lo que constituye otra razón para garantizar el pluralismo de dicha representación. La existencia de los partidos políticos es freno institucional tanto contra el personalismo tan común en nuestra historia, como frente a los distintos poderes fácticos.

Concentración de esfuerzos

Por último, una vez diseñada la alianza perfecta, hemos de centrar el esfuerzo de la campaña, comunicacional y presupuestariamente, en aquellos circuitos electorales que son susceptibles a cambiar.

En Venezuela hay tres tipos de circuitos electorales, determinados a partir de las elecciones regionales de 2008, aquellos en los cuales la ventaja electoral del gobierno sobre las fuerzas democráticas es aplastante, aquellos en los cuales el voto opositor alcanza una mayoría cómoda frente a unas fuerzas gubernamentales débiles, y aquellos en los cuales la diferencia electoral es muy pequeña.
Es en estos últimos donde tenemos que colocar un esfuerzo mayor, en cuanto a presupuesto, en cuanto a comunicación, y en cuanto a dirigentes y cuadros movilizados para cubrir dichos circuitos, donde más atención debemos colocar al momento de cubrir las mesas con los testigos, etc.

Sortear los escollos

En este camino nos enfrentáramos presiones inmensas y tentaciones peligrosas, estimuladas desde el gobierno, pero que se articulan con las tensiones que naturalmente existen dentro de una oposición plural.

Por un lado la vocación personalista que pretende imponerse por encima de la institucional y organizativa, lo que se expresa en un discurso que coloca al “líder” por encima de la organización, por encima de la institución. Y por otro lado, el retorno del discurso y la presión abstencionista, aquella que nos llevó al desastre de 2005, a la que debemos responder con firmeza. Finalmente, se necesita una fortaleza política con capacidad de responder frente a las presiones de poderes fácticos. Para enfrentar estos retos requerimos de la institución partidista, es decir, de los ciudadanos organizados en torno a un proyecto de poder democrático y plural.

La clave para detener el proyecto de construcción hegemónica del totalitarismo del siglo XXI, y para reconstruir la democracia en Venezuela, pasa por que las fuerzas democráticas ganen la mayoría en la Asamblea Nacional en 2010, y desde allí se inicie una nueva transformación del sistema político. Ese es el camino.