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lunes, 18 de enero de 2016

UNT: BCV presentó un informe incompleto y tardío

"Un informe tardío e incompleto"
Caracas lunes 18 de Enero de 2016 (Prensa UNT).- El informe presentado por el Banco Central de Venezuela es tardío, incompleto y evasivo, y con él se pretende fortalecer los argumentos falsos que justifican la continuidad de una política económica que ha destruido el aparato productivo nacional.

El señalamiento lo hizo Ysrrael Camero Secretario Nacional de Políticas Públicas del partido Un Nuevo Tiempo, en rueda de prensa, donde fijó posición en torno al informe del BCV presentado el pasado 15 de enero de 2016, luego de ocultar información por un año.

Indicó Camero que la profundidad de la crisis no deriva de la caída de los precios del petróleo sino de la destrucción sistemática del aparato productivo nacional como política de Estado. “La economía y la sociedad venezolana han funcionado con precios del petróleo más bajos que los actuales. En los primeros dos trimestres de 2014 el precio del petróleo se ubicó por encima de 90 dólares el barril, y hubo una caída del PIB de más de 5 por ciento en cada trimestre. Antes de 1998 la economía venezolana podía funcionar con precios petroleros mucho más bajos, la diferencia está en la destrucción productiva”.

"Merentes tiene mucho que explicar a los venezolanos"
Dijo que el BCV ratifica la idea de una guerra económica con el propósito de evadir la responsabilidad de la política económica y el tema de la generación de incentivos.  Por otra parte el ente emisor afirma que el dólar paralelo es fijado sin ningún criterio  ni sustento económico. “pero no explica cuál es el criterio para mantener tres tipos de cambios oficiales rígidos”.

Agregó que en Venezuela el gobierno ha destruido cualquier tipo de incentivos para invertir y producir, creando a la vez un sistema de administración de la economía que estimula la corrupción, inhibiendo cualquier forma de emprendimiento productivo. “Cada vez que el gobierno nos habla de  ‘guerra económica’ nos alejamos de la resolución de la presente crisis”.

Destacó que Venezuela tiene la más alta inflación del mundo, es decir los venezolanos cada vez son más pobres, en cuanto a los alimentos se mantiene la más alta inflación acumulada.
“Una variación acumulada en los precios durante los primeros 9 meses de 2015 de 108,7%. Variación anualizada de 141,5% al cierre del tercer trimestre. El precio de los alimentos entre septiembre de 2014 y septiembre de 2015 sufrieron un crecimiento de un 254 por ciento. Una caída del poder adquisitivo del 34 por ciento en un año, hasta septiembre. Las familias destinan el 45 por ciento de sus ingresos en adquirir productos de la cesta básica”

 Señaló que el informe oculta  los índices de escasez tanto de alimentos como de medicinas, repuestos entre otros, las últimas estadísticas se publicaron en enero de 2014. “El BCV no publica datos de escasez de alimentos y apela a la percepción de acaparamiento”.  Por otra parte argumentó que se ha mantenido la caída  económica durante  siete trimestres seguidos.

“Solo en el tercer trimestre del 2015 se registró una caída de la economía de  7,1 por ciento. ¿Dónde están los datos del cuarto trimestre? A finales de 2015 la inflación se aceleró y la caída del PIB fue más pronunciada. ¿Por qué no lo dice el BCV?", se preguntó Camero.

Afirmó con preocupación Ysrrael Camero  que la actividad no petrolera ha sufrido una caída aparatosa. Un derrumbe de 11,1 por ciento en manufactura y del  12,8 en comercio. Que a industria de la construcción cayó  20,2 por ciento, lo que llega a un retroceso de 22,4 por ciento en construcción pública.

“¿Dónde está entonces el impacto económico de la Misión Vivienda? ¿Cómo una caída de estas dimensiones no tiene un impacto en los niveles de desempleo? El gobierno monopolizó la producción de insumos para la construcción como el cemento y las vigas, ¿de dónde viene la escasez?".

Al referirse a los servicio agua y electricidad  dijo que para nadie es un secreto que, entre 2014 y 2015 hubo recurrentes crisis en de estos servicios, a lo que el Estado fue incapaz de responder eficientemente, el informe muestra una caída de menos 3,7 por ciento, lo que augura profundización de la crisis este año.

Ysrrael Camero, con Luis Bravo Jáuregui y Felipe Pacheco
Finalmente alertó que el Banco Central de Venezuela, controlado por el Ejecutivo Nacional, ha fracasado en sus objetivos constitucionales, que son defender la estabilidad de la moneda y de los precios. “Nelson Merentes tiene mucho qué explicar, empezando por su silencio de más de un año, negándole a los venezolanos el conocimiento de su realidad, impidiendo la más simple planificación. El informe del BCV pretende colocar una plataforma para impedir el cambio en el modelo económico que nos ha llevado al presente desastre, al evadir las dimensiones de la crisis, y sus responsabilidades en una política económica desastrosa”.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Venezuela 2016: con el futuro en nuestras manos

2016: una encrucijada crítica
Durante 2016 la agudización de la crisis económica y social, caracterizada por la escasez y la inflación, parece ser un hecho ineludible. Desde la CEPAL hasta el FMI y el Banco Mundial anuncian perspectivas negativas para la economía venezolana, pronosticando una caída cercana al ocho por ciento del PIB con una inflación que superaría el doscientos por ciento, mientras el precio del petróleo mantendría su tendencia descendente. Todo esto tiene un impacto demoledor sobre la sociedad, los venezolanos nos estamos empobreciendo. Las cifras de pobreza de 2015 se encuentran por encima de las de 1998, alcanzando al 74% de la población. Efectivamente, las buenas noticias de 2016 no vendrán de la economía.

Pero el último mes de 2015 abrió una brecha de esperanza a partir del cambio político construido gracias al esfuerzo de los ciudadanos. La victoria de las fuerzas democráticas, agrupadas en la MUD, en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015 ha sido fruto de una dilatada lucha contra un régimen político autoritario que no parece poder prescindir de los eventos electorales. 112 diputados representan una mayoría calificada de dos tercios en la Asamblea Nacional que deberá instalarse el 5 de enero de 2016.

Pero un final feliz está lejos de estar asegurado, ¿qué perspectivas se abren para el año 2016? La confrontación entre las fuerzas democráticas y las fuerzas autoritarias no se cierra con este resultado electoral. Como hemos visto, la reacción del gobierno en concreto y del oficialismo en general ha sido agresiva, pretendiendo violentar la soberanía popular haciendo uso del control faccioso que tienen sobre las instituciones del Estado. La recepción, fuera de lapso, de demandas de impugnación ante el TSJ, es el más reciente episodio de una línea de acción que no se detendrá en las próximas semanas y meses.

La esperanza viene de la política (Tomado de Ideas de Babel)
Porque no esperamos cambios en el carácter general de la elite política gubernamental durante 2016, las señales nos indican que el proceso de autocratización puede acelerarse como respuesta a la derrota electoral. Al reconocerse minoritarios las tendencias más autoritarias pretenderán bloquear el cambio político. ¿Qué los puede detener?

En una democracia liberal normal son la ética pública, la opinión pública y la legalidad institucional los límites que determinan el marco de acción de mayorías y minorías. En las condiciones de la Venezuela actual el oficialismo no actúa a partir de dichas limitaciones. No se detiene la nomenklatura por ética, tienen amordazada y maniatada a la opinión pública y se burlan día a día de la legalidad y de la autonomía de las instituciones.

La victoria de un esfuerzo colectivo y unitario
Partiendo de la idea de que esta actitud autoritaria del poder no cambiará en enero es inevitable concluir que, a pesar de nuestros deseos, 2016 será un año de conflicto político institucional en un contexto de agudización de la crisis económica y social. Entonces, ¿qué necesitamos para construir colectivamente un 2016 que nos acerque más a nuestros sueños democráticos y nos aleje de las pesadillas autoritarias del poder?

Con las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015 hemos dado un gigantesco paso en la dirección correcta, hemos cambiado la correlación institucional del poder en la Asamblea Nacional. Hemos escogido la mejor posición para avanzar durante 2016, una mayoría calificada en el Parlamento.

Pero acá se abre una encrucijada, que ya adelantamos en un artículo previo, la crisis será inevitable en todos los escenarios, el carácter autoritario del régimen también, la actitud de los demócratas marcará el cambio. El escenario se bifurca a partir de las acciones que esta nueva mayoría democrática desarrolle, de la conexión que logre establecer con amplios sectores de una sociedad empobrecida, y de la iniciativa política que demuestre en su acción.

Falsas dicotomías

Se han presentado dos falsas dicotomías en el debate público a las que es necesario contestar. Primero, la que disocia la respuesta a la crisis socioeconómica del cambio político, y segundo, aquella que disocia la acción institucional del Parlamento de la movilización de calle, de la acción colectiva.

No hay en la Venezuela actual una disociación entre la crisis económica y el régimen político. Lo hemos tratado también anteriormente, la crisis socioeconómica que estamos viviendo los venezolanos es fundamentalmente política, en la medida en que deriva del funcionamiento perverso del poder, en la implantación política de un modelo socioeconómico que deriva en la destrucción productiva de la sociedad. No es posible reactivar la economía venezolana bajo este régimen político, que no podría sobrevivir a los cambios institucionales necesarios para que la sociedad recupere productividad. Por eso el gobierno ha sido incapaz de tomar decisiones para detener la caída de la economía, porque el entramado de mafias y negocios implicados en el sistema bloquea toda iniciativa de cambio. Esta red es una realidad de poder, es  una realidad política.

Eso coloca límites importantes a la labor de la Asamblea Nacional para responder a la crisis socioeconómica. Podremos interpelar Ministros, improbar Memorias, modificar la Ley del BCV para “asegurar” su autonomía, legislar para reactivar la producción, pero todo esto será casi inútil si no logramos impulsar cambios sustanciales en la correlación y en el funcionamiento del Poder, sin cambiar el Ejecutivo, sin cambios sustanciales en el Poder Judicial para que exista Estado de Derecho, etc.

Entonces, la respuesta a la crisis socioeconómica pasa también por el cambio político. Hay que avanzar en ambos ámbitos a la vez, en paralelo, debemos desarrollar una acción parlamentaria para responder a la crisis económica que vivimos los venezolanos al tiempo que avanzamos en el cambio político que va a permitir a las fuerzas productivas venezolanas volver a desarrollarse.

La lucha no-violenta es movilizadora
Por otro lado, hay quienes identifican la acción colectiva, la movilización de calle, las manifestaciones, como una amenaza a los cambios democrático-institucionales, como expresiones anti-políticas o anti-partido, incluso como instrumento anti-democrático. A partir de estos miedos se ha desarrollado toda una política apaciguadora, desmovilizadora, que reivindica las virtudes de la moderación y del diálogo como separadas de la movilización y la protesta social.

Cuando la realidad histórica es que los procesos de democratización han estado llenos de un repertorio diverso de acción colectiva, de movilizaciones, de disensos que se expresan en la calle, de organización con miras a presionar desde las veredas, desde las plazas. Que ese repertorio de acción colectiva ha venido acompañado de construcción de grandes alianzas sociales, de grandes acuerdos y consensos, de diálogo político, donde los pactos de elites han coexistido con movilizaciones masivas, y eso contribuye a fortalecer los acuerdos, a darle solidez a las elites democráticas. No puede plantearse en términos dicotómicos.

Gandhi rechazó la violencia y llamó a la movilización
Esta falsa dicotomía es particularmente peligrosa, justamente porque esteriliza hasta la acción política más moderada, inutiliza hasta la más tímida iniciativa de diálogo político, porque nos coloca voluntariamente en una posición de debilidad. Ningún proceso de negociación se gana empequeñeciéndose y negándose a emplear instrumentos efectivos de presión.

A quienes identifican movilización con violencia es importante recordarles que adalides históricos de la acción no-violenta, como el Mahatma Gandhi y Martin Luther King Jr., fueron grandes movilizadores en su momento. No fueron apaciguadores sino impulsores osados de la acción colectiva, de la movilización en calle.

En un escenario de confrontación político-institucional como la que veremos en 2016 jugar al apaciguamiento y a la desmovilización solo genera una vía libre para las tendencias más autoritarias del gobierno, quienes no encontrarían ninguna resistencia para avanzar en el proceso de autocratización.

La movilización ha de apoyar a la AN
Entonces, solo se podrá avanzar hacia la democracia si a la labor política institucional de la Asamblea Nacional la acompaña la movilización masiva, la acción colectiva. Renunciar a la movilización solo contribuiría al aislamiento del Parlamente y a su anulación. No basta la sola presión institucional de la Asamblea Nacional para impulsar los cambios que Venezuela necesita. El aislamiento del Parlamento es el juego gubernamental. Si la fracción democrática en la Asamblea Nacional se aísla el cerco institucional la tornará inútil y estéril.

Efectivamente, se requiere diálogo, construir acuerdos y consensos, restablecer la convivencia social, la paz, retejer las redes cotidianas de la coexistencia pacífica que  nos permite vivir civilizadamente. Pero eso será posible si detenemos las tendencias autoritarias que controlan las instituciones del Estado y que tienen aún fuerte implantación social. Pretender llegar a acuerdos y consensos renunciando a la movilización debilita el diálogo, no lo potencia, nos aleja de los objetivos y fortalece las tendencias de las elites más autoritarias.

Más cerca de nuestros sueños, más lejos de nuestras pesadillas

Una AN volcada a la movilización para impulsar cambios
Para que el futuro se parezca más a nuestros sueños, y menos a nuestras pesadillas, es imperativo dejar atrás falsas dicotomías y avanzar hacia la democracia como una aventura colectiva.

No hay dudas de que el año 2016 será particularmente interesante, pleno de oportunidades. Se caracterizará por la presencia de una encrucijada crítica. Las tendencias autoritarias siguen siendo fuertes, tienen control del grueso de las instituciones y no tienen límites éticos y legales en su acción. Solo la demostración de fuerza, tanto institucional como colectiva, tanto formal como informal, es útil para detener la pesadilla autoritaria.


Si logramos comprender, y hacerle comprender a la población, primero, el vínculo existente entre la crisis socioeconómica y el régimen político, y segundo, la necesaria alianza que es imperativo construir entre el poder institucional del Parlamento con la acción colectiva, con la movilización no-violenta, podremos construir juntos un feliz año 2016… y 2017, y 2018.

martes, 1 de diciembre de 2015

A la Asamblea Nacional, ¿Para qué?

Vientos de cambio soplan a las puertas del Parlamento
Un fantasma recorre Venezuela, la necesidad de un cambio en el rumbo, convertida ahora en una masiva exigencia popular. Exigencia que emerge de una realidad, la sociedad ya cambió, lo reflejan las más diversas encuestas, y las elecciones del 6 de diciembre serán la expresión político electoral de este cambio, que tomará los curules de la Asamblea Nacional.

Desde los recorridos en la Isla de Margarita o en Tucupita, hasta las caminatas en la serranía de Perijá en el Zulia, desde los predios de las ciudades de Coro y Punto Fijo en Falcón, hasta las comunidades de Puerto Ayacucho se eleva similar clamor. En sitios tan distintos como la urbanizada y popular Caracas y los caseríos guariqueños se escucha la misma exigencia: ¡esto tiene que cambiar!

En las encuestas no sólo estamos viendo el derrumbe en la popularidad del gobierno de Nicolás Maduro, sino también la convicción creciente y mayoritaria de que su gobierno es responsable de la crisis que cotidianamente vive la familia venezolana. El gobierno está perdiendo las elecciones en todo el país.

Hay también una claridad meridiana en otra convicción, la de que este gobierno es incapaz de aprender, de enmendar las políticas y de rectificar el rumbo. Esta pérdida de credibilidad no se limita a Maduro, sino que se extiende a toda esa pequeña elite que lo rodea, a esa nomenklatura que se ha adueñado del Estado, que usa el poder para enriquecerse a partir de la depauperación progresiva de las grandes mayorías. Una nomenklatura que ha perdido conexión con las grandes mayorías, que se encuentra aislada del padecer real de los venezolanos de a pie.

Una pequeña nomenklatura se adueñó del Estado
La destrucción de la moneda y el enriquecimiento de esta pequeña nomenklatura son dos procesos paralelos que los sectores populares perciben con creciente claridad. La escasez, las largas colas para adquirir escasos productos, la expansión de una delincuencia homicida que actúa con total impunidad, todo esto es paisaje cotidiano del venezolano.

De la percepción del fracaso gubernamental nace también otra certeza, que comparten los más diversos sectores y prácticamente todos los analistas, no hay recuperación económica sin cambio político, no hay resolución de los problemas sociales de las grandes mayorías sin que haya un cambio en el funcionamiento y en la correlación del poder. El problema económico y social de Venezuela es un problema fundamentalmente político porque descansa en la manera en que funciona el poder. El modelo político dominante se articula medularmente con el modelo económico, esa convicción impregna toda la exigencia de cambio.

Este es el mapa de la Venezuela de 2015, mapa a partir del cual emerge esta exigencia masiva, sólida, de cambio. La nueva Asamblea Nacional, electa el 6 de diciembre, será expresión de esa exigencia. Una expresión distorsionada por las condiciones electorales, por el abuso de poder y el ventajismo gubernamental, pero mayoritaria a favor de una transformación política sustancial.

Parece evidente que el chavismo se quedará en minoría en el nuevo Parlamento. Los candidatos de la Mesa de Unidad Democrática están ganando, con ventaja apreciable, en sitios que antes le eran adversos, como Puerto Cabello, Guarenas, el sur de Valencia, en las zonas populares de Caracas, en todo el estado Barinas. El voto que estarán recibiendo los candidatos de la MUD será una exigencia de cambio político, para que sea posible la recuperación económica y social.

Colas y escasez, lo cotidiano
Entonces, la Asamblea Nacional que se instalará el 5 de enero de 2016 será depositaria de una soberanía popular, diversa y plural. Será expresión de esta nueva Venezuela, tan distinta a la de 2013, cuando el pueblo fue convocado por última vez a expresarse en las urnas electorales.

He hablado de necesidad, de exigencia, pero no aún de certeza. Este detalle es importante, porque implica que el voto que los candidatos de la MUD recibirán, en abrumadora mayoría, en avalancha, no será un cheque en blanco, sino una exigencia condicionada a un desempeño. La frustración y el miedo son sentimientos poderosos en la Venezuela de hoy, así como la desconfianza cotidiana, y eso también tiene expresión política.

Una nomenklatura aislada y en declive


El militarismo se ha reforzado
Así como ha venido ocurriendo un cambio en la sociedad también el régimen ha venido mutando. Hace tiempo que no hay democracia en Venezuela. Se han venido reforzando todos los elementos autoritarios presentes desde su origen en el régimen, y la mutación no ha terminado.

Por eso es tan importante la elección del 6 de diciembre, podría ser el punto de inflexión de una de dos transiciones posibles, aquella que nos llevaría a un régimen abiertamente autoritario o aquella que nos puede conducir a un nuevo régimen democrático.

Ante la pérdida del apoyo popular la desesperación de la pequeña nomenklatura gubernamental se ha desbordado. La violencia política contra los candidatos de la alternativa democrática ha vuelto a hacer su aparición. Ataques en Petare contra las movilizaciones de Pizarro, en Yare contra Capriles, en Caricuao, en Guayana, finalizando trágicamente con el asesinato de Luis Manuel Díaz en Altagracia de Orituco durante un mitin de Lilian Tintori. Parece que estamos en presencia de una escalada impulsada desde las altas esferas del poder que controla la nomenklatura. Pura desesperación con el objetivo de atemorizar a un electorado cansado y molesto.

La violencia política ha sido seña de identidad desde el 4F1992
La táctica oficialista de la violencia política no es nueva. Desde la aparición del chavismo en el escenario político venezolano, el 4 de febrero de 1992, ha sido la violencia política una seña identitaria de su accionar. Su discurso, político e histórico, desarrolla grandes apologías a la violencia, reivindicando la guerrilla de los años sesenta y los golpes de Estado de 1992. Ha empleado, desde 1998, la violencia política como herramienta recurrente, no podemos olvidar “la esquina caliente”, el bloqueo violento a los parlamentarios en el Congreso en 1999, la acción de los “círculos bolivarianos” hasta llegar a la violenta presencia de los “colectivos”.

El empleo de esta táctica en 2015 tiene sabor a derrota para el oficialismo. Se trasluce desesperación. Apelar también al chantaje clientelar, a la presión criminal contra los ciudadanos que decidieron apostar al cambio, refleja el agotamiento de una antigua pasión.

Pero no será la última carta que el poder jugará. Hasta el último día intentarán escamotear el proceso de cambio y arrebatar la victoria a las fuerzas democráticas. Hay circuitos claves para que el triunfo democrático sea posible, allí las fuerzas del continuismo intentarán presionar el día de los comicios. La Mesa de Unidad Democrática se ha fortalecido organizativa y políticamente para responder a esa coyuntura. La comunidad internacional está atenta a lo que ocurra el día de las elecciones.

Si sabemos actuar con firmeza democrática las fuerzas reaccionarias del conservadurismo gubernamental no podrán impedir la victoria de los candidatos de la MUD en la gran mayoría de los circuitos de Venezuela. El cambio se abrirá paso, y entonces se presentará una encrucijada clave.

La encrucijada del 2016

El 5 de enero de 2016 se instalará una nueva AN
En la construcción colectiva de un cambio político democratizador una victoria electoral de la oposición que se convierta en una Asamblea Nacional con mayoría democrática representaría el inicio de una transformación en la correlación institucional del poder, pero no necesariamente en su funcionamiento.

Frente a una Asamblea Nacional de mayoría democrática nos encontraríamos con otros cuatro poderes tomados por quienes están comprometidos con la continuidad del proceso de autocratización. Un escenario de cerco pretendería convertir una victoria electoral de los demócratas en una nueva frustración. El conflicto institucional se encontraría a la orden del día.

Es imperativo reclamar la nueva legitimidad popular ganada por la Asamblea Nacional, como representación plural de una nueva Venezuela, la que exige y construirá un cambio democrático, frente a la pequeña nomenklatura que se atrinchera menguada en el poder.

El gobierno jugará a dividir a la oposición a través del juego “del palo y la zanahoria”, por un lado amenazará con la violencia política, con la represión, con el abuso institucional, mientras que por el otro deslizará la zanahoria de la cohabitación. Esta última constituye una trampa-jaula tremendamente peligrosa que podría dar al traste con las posibilidades de una transición a la democracia.

Legislar, controlar al poder y ser foro político de la Nación venezolana son las funciones de la Asamblea Nacional. Partiendo de un resultado electoral positivo para la MUD se abren varias opciones de acción política dentro de este espacio. Vamos a repasar algunas:

La ruptura inmediata:

Los sectores más radicales podrían hacer una lectura del hecho político de la victoria electoral opositora como un plebiscito sobre el gobierno de Nicolás Maduro. Partiendo de allí podrían pensar en impulsar la renuncia inmediata del Presidente. Es posible que pretendan impulsar esa agenda desde el 7 de diciembre, pero las resistencias institucionales serían inmensas, y el cambio no tendría capacidad de asentarse efectivamente. Es muy poco probable que prospere y esta vía de acción podría derivar en una nueva ola de frustraciones.

La leal oposición institucionalizante:

Una parte de la oposición en la AN podría pretender contener su acción al escenario institucional parlamentario, apaciguando la movilización social, que verían como amenaza y no como oportunidad. Evitarían la confrontación política directa esperando que la incapacidad gubernamental y la crisis se vayan llevando al gobierno, elección tras elección. Centrarían su acción política en la capitalización electoral de la crisis socioeconómica, enfocándose en la realización de las elecciones de 2016 y 2018.

Esta es una ruta tentadora para la “política cortesana” moderada, desconfiada ante la movilización de masas y la protesta, dada para la construcción de acuerdos entre pocos. Esta línea de acción parte de algunas premisas, la primera es que el régimen no puede prescindir de la realización de elecciones competitivas, la segunda es que la crisis socioeconómica seguirá hundiendo al gobierno de Maduro, la tercera es que la moderación política hace posible tender puentes con sectores del régimen dispuestos a transitar a un esquema de alternabilidad política y progresiva constitucionalización e institucionalización del ejercicio del poder.

Esta convivencia institucional genera un área de confort para la política tradicional, un espacio para la construcción de consensos entre sectores del Estado y la oposición, para alianzas coyunturales en torno a hechos puntuales, siempre y cuando no comprometan el funcionamiento medular del poder.

Hay un error fundamental en esta línea de conducta, que deriva de dos limitaciones, primero, de un diagnóstico equivocado de las características del régimen político, según el cual estamos simplemente en un gobierno ineficiente y corrupto pero con un régimen susceptible a la democratización, maleable al cambio institucional, y segundo, de las inseguridades respecto a las capacidades de las fuerzas democráticas, “hasta acá podemos llegar, no podemos hacer más nada”.

Convertirse en la leal oposición es una peligrosa tentación, que podría abrir paso a escenarios de cohabitación y a episodios de cooptación. Apaciguar la protesta social y la movilización sería el error central de esta postura, porque permitiría el aislamiento de la Asamblea Nacional por los otros cuatro poderes, bloqueando la posibilidad de dar una respuesta política efectiva a la autocratización del sistema. Así, la AN sería un escenario estéril para impulsar la democratización.

El ariete democratizador:

En este escenario la nueva mayoría democrática convierte a la Asamblea Nacional en la vanguardia de un amplio movimiento social democratizador del régimen político, tomaría la decisión de impulsar la movilización, de acompañar efectivamente la protesta social, visibilizándola, articulándola con iniciativas parlamentarias, denunciando la represión, protegiendo a los líderes sociales.

El Parlamento sería un ariete contra el sistema autoritario para impulsar cambios en el funcionamiento y en la correlación de poder, dentro y fuera de las instituciones, en una agenda de transición a la democracia.

En este escenario es más difícil para el régimen establecer un cerco alrededor de la AN ya que la mayoría democrática actuaría como vocera de fuerzas sociales movilizadas que respaldan el proceso de cambio.

La Asamblea Nacional se convertiría efectivamente en el foro político de la Nación, en el espacio para la construcción de grandes acuerdos sociales conectados con una agenda de democratización. Con iniciativa política y movilización social hay más posibilidades que el bloque de poder autoritario se rompa internamente, de ese quiebre pueden desprenderse sectores enteros dispuestos a sumarse en el tránsito hacia una democracia. El aislamiento gubernamental sería mayor y las posibilidades de cambio político se incrementarían. La ruptura democratizante se abriría paso, dejando atrás al gobierno y poniendo en jaque a las fuerzas autoritarias ante un nuevo bloque político y social: una alianza democrática con presencia institucional unificada y con movilización social orgánicamente implantada en puntos neurálgicos de las redes que conforman la nación venezolana.

Reflexiones finales:

La democratización no se dará sin resistencia, y ésta no podrá vencerse sin movilización. Para que podamos transitar a la democracia se requiere que todas nuestras acciones políticas amplíen y consoliden la alianza social que sostiene la agenda del cambio y la democratización. Eso implica claridad unitaria en el diagnóstico, una estrategia unitaria en ejecución y un conjunto de acciones tácticas que converjan hacia el mismo objetivo.

Lo primero es terminar de asimilar que en Venezuela no vivimos en un régimen político democrático, sino en un autoritarismo competitivo en progresivo deslizamiento autocratizante. Es importante ser consciente de este proceso de degeneración del régimen político venezolano que refuerza en cada momento sus características autoritarias y se hace menos competitivo.

Hay quienes creen, desde su buena fe, que la transición a la democracia en Venezuela es solo cuestión de tiempo, y que se dará dentro de una dinámica legal-institucional, que puede ser seguida de elección en elección, hasta que los autoritarios se retiren del poder y los demócratas terminen de alcanzarlo.

Lamentablemente este tipo de regímenes no se comporta así. Si no se le opone una fuerte resistencia, si no se moviliza a los sectores comprometidos con el cambio democratizante la naturaleza del régimen se impone, deviniendo en un cerrado autoritarismo. No debemos perder eso de vista.

¿Qué tiene que ver este diagnóstico con el rol de la nueva Asamblea Nacional? Mucho, casi todo, por no decir todo, si tenemos claro que el objetivo de la Mesa de Unidad Democrática es conducir a Venezuela a un sistema democrático. Si partimos de este diagnóstico nuestra labor implica tres procesos, primero, detener el deslizamiento autoritario del régimen, segundo, revertir políticamente la autocratización del sistema y tercero, impulsar cambios que impulsen la democratización, la transición a la democracia.

Este es el rol histórico que las fuerzas democráticas tienen en la Asamblea Nacional, y cada uno de estos procesos enfrentará grandes resistencias institucionales, sociales y políticas. Inevitablemente el 2016 será un escenario de agudización de la crisis económica y social.

Hay tres funciones centrales en una Asamblea Nacional, legislar, controlar al poder y ser foro político de los problemas de los venezolanos. Ante las críticas condiciones de la sociedad venezolana esta última función ha de colocarse en el centro del discurso político, ser caja de resonancia de los problemas de los venezolanos, accionar para su resolución para ser el principal impulsor del cambio político en Venezuela. Por ende:
  • Debe propiciarse la ampliación y consolidación de las alianzas sociales que propicien el cambio político democrático. La Asamblea Nacional debe movilizar sus recursos para ampliar y fortalecer dicha alianza.
  • La Asamblea Nacional ha de ser el espacio privilegiado para el diálogo político y la negociación, en la búsqueda de un cambio pacífico hacia la democracia. Se debe restablecer el diálogo en la Asamblea Nacional con miras a construir el cambio.
  • Es imperativo que la Asamblea Nacional tenga una fuerte iniciativa política.
  • Hay que propiciar el cambio en los poderes públicos para restablecer su autonomía e independencia.
  • Hay que realizar gestos claros de ruptura política que mantengan la movilización para presionar mayores cambios en el funcionamiento del poder.
Si desde la Asamblea Nacional una nueva mayoría impulsa la democratización, la confrontación política, la movilización, podría conducir a Venezuela a la democracia. Eso no está asegurado, es una decisión, y el mes que transcurrirá entre las elecciones del 6 de diciembre de 2015 y la instalación del nuevo Parlamento el 5 de enero de 2016 será el período clave para ajustar el rumbo.

lunes, 6 de julio de 2015

UNT: Unos pocos disfrutan en dólares y la mayoría sobrevive en bolívares

Pulverizar el bolívar ha generado una economía dual
Para el partido Un Nuevo Tiempo, si no se detiene destrucción de la moneda el venezolano no podrá escapar de la trampa de la pobreza, por lo que plantea la necesidad de restablecer la autonomía del BCV, detener la impresión arbitraria de dinero, levantar la política suicida de rígidos controles económicos y garantizar institucionalmente los derechos, solo así los agentes económicos podrán volver a confiar en la economía y en la moneda venezolana.

El señalamiento lo hizo el Secretario Nacional de Políticas Públicas de UNT, Ysrrael Camero, en rueda de prensa, quien dijo que el valor de una moneda expresa la confianza que se tiene en la economía de un país, así como su productividad. “De manera que la economía venezolana no genera ningún tipo de confianza, por ende, su moneda pierde valor cada día”.

“El valor del bolívar ha sido pulverizado, acabando con el poder adquisitivo real de la familia venezolana, sumiéndola en la pobreza y la dependencia. En 1999 el dólar se cotizaba a 573,88 bolívares (0,57388 bolívares fuertes), en julio de 2015 la tasa del dólar libre superó los 500 mil bolívares (501,21 bolívares fuertes)”.
 
Agregó que la destrucción del valor del bolívar ha creado en Venezuela una economía dual, incrementando las desigualdades entre los venezolanos. “Mientras unos pocos, vinculados al gobierno nacional, tienen acceso a divisas extranjeras, dólares y euros, viviendo en lujo y derroche, la gran mayoría de los venezolanos tiene que sobrevivir con unos bolívares que han perdido todo su valor, deben hacer colas para conseguir lo necesario para vivir. Los gastos se están dolarizando, mientras que los ingresos de los venezolanos se siguen contando en bolívares devaluados”.

Sostiene que aumentar el salario mínimo sirve de poco cuando se destruye la moneda. “El salario mínimo ha llegado a Bs. 7.421,68 mensual (247,39Bs. diarios), lo que equivale apenas a 14,80 dólares mensuales. Hasta abril de 1999 el salario mínimo urbano era de 100 mil bolívares mensuales, de los de antes, lo que equivalía a 174,25 dólares. Para tener un salario equivalente en dólares en 2015, deberíamos tener un ingreso de 87.337 bolívares (a la tasa de 501,21)”.

La destrucción del salario mínimo: de 1999 a 2015
Argumentó que, desde agosto de 2014, no se recibe un dólar preferencial ni los importadores, ni los productores, eso significa que el dólar a 500 bolívares fuertes es el dólar al cual está funcionando en  realidad la economía venezolana.

“Destruir el valor de la moneda empobrece a toda la sociedad, y precisamente la destrucción del valor monetario del bolívar ha sido parte de una política del gobierno de Nicolás Maduro para controlar a los venezolanos empobreciéndolos”. 

La política de controles ha fracasado


Indicó que durante los 16 años del gobierno se ha dedicado a perseguir al productor venezolano y a destruir la producción nacional, fortaleciendo la dependencia de la economía venezolana de las importaciones y la dependencia de los ingresos petroleros.

“Bloquean cualquier posibilidad de inversión extranjera directa, ya que no llegan nuevos capitales a la economía venezolana, escaseando las divisas.  Venezuela es el país que menos inversiones extranjeras directas recibe per cápita en toda América Latina. Países mucho más pequeños reciben mucho más inversiones extranjeras que nuestro país”.

Igualmente se refirió como parte de esta debacle económica a la destrucción de Petróleos de Venezuela (PDVSA) y de las industrias de Guayana, limitando la posibilidad de que ingresen divisas fruto de la producción y exportación de estos productos.

Aseguró que acabar con la autonomía del Banco Central de Venezuela, convirtió a la institución en un apéndice monetario del Ejecutivo Nacional para financiar un aumento irracional del gasto público imprimiendo bolívares indiscriminadamente.

“Se ha inflado de tal manera la impresión de dinero que, a finales de junio se ha llegado a 2,6 billones de bolívares de liquidez, con unas reservas internacionales de apenas de 16 mil millones de dólares. El resultado de esta situación es una inflación galopante. Esa inflación significa que el bolívar vale cada día menos, esta devaluación del bolívar no solo ha pulverizado los ahorros de los venezolanos sino que ha pulverizado su capacidad de ahorro a futuro”. La liquidez monetaria ha aumentado en un 27,24% desde enero de 2015 (564,39% desde 1999).

Prosiguió Camero señalando que el control de cambio ha sido un “estrepitoso” fracaso si a evitar la fuga de capitales nos atenemos. “Desde que se estableció el nuevo control de cambio, el 5 de febrero de 2003, se aceleró la fuga de capitales y la devaluación de la moneda. En 2003 el dólar se encontraba a 1.600 bolívares. Al momento de la reconversión monetaria en 2008, se encontraba a 2.150 bolívares (2,15 bolívares fuertes). En 2010 es creado el SITME, con una tasa de 5,3 bolívares fuertes (5.300 bolívares). En febrero de 2013 el dólar se cotizaba ya a 6,3 bolívares fuertes (6.300 bolívares). El dólar libre se despegó hasta alcanzar en julio los 501,21 bolívares. El bolívar es hoy la moneda más débil de América Latina”. 

Propuestas para reconstruir la confianza en la moneda



En nombre del partido Un Nuevo Tiempo su Secretario de Políticas Públicas propuso que, para recuperar la economía del país, se debe restablecer la confianza de los agentes económicos, para permitir a los venezolanos volver a producir. Es prioritario devolver la autonomía del Banco Central de Venezuela para detener la emisión artificial de dinero.


“Hay que levantar la política de controles rígidos sobre la economía, que han fracasado por completo, permitiéndole a los agentes económicos restablecer la producción y comercialización libre de bienes y servicios. Restaurar la vigencia del Estado de Derecho, incluyendo la garantía efectiva al derecho de propiedad. Garantizar la transparencia y eficiencia en el gasto público. Permitírsele a la Asamblea Nacional ejercer la Contraloría sobre la totalidad del presupuesto. Así como invertir en el incremento de la productividad de nuestra economía a través de una política de alianzas entre el sector público y el privado”, culminó.