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sábado, 24 de enero de 2015

1958: la alborada democrática más allá del 23 de enero

Estamos celebrando cincuenta y siete años del derrocamiento de la dictadura militar encabezada por Marcos Pérez Jiménez, así como también celebramos el inicio de cuatro décadas de continuo gobierno democrático. Dos hechos distintos que parecen coincidir en un mismo momento, pero cuya comprensión nos obliga a acercarnos a ellos con una mirada atenta a la complejidad de un proceso de cambio político, a la transición de un gobierno autoritario a una democracia.

En retrospectiva la historia hoy puede parecer sencilla. Ante el levantamiento del pueblo y de las Fuerzas Armadas el dictador levanta vuelo huyendo en La Vaca Sagrada. Deja atrás a un pueblo unido que da inicio pacífico a una nueva democracia, moderna y funcional. Unas Fuerzas Armadas democráticas, unidas, expulsaron al elemento extraño que parecía haberlas manipulado durante una década, y se comprometieron a sostener al recién nacido régimen democrático. Así escrita la historia parece hermosa, pero paradójicamente los procesos históricos están lejos de ser lineales, se encuentran llenos de encrucijadas difíciles y meandros sinuosos. Este caso no fue la excepción.

El derrocamiento de Pérez Jiménez no tenía necesariamente que convertirse en el inicio de la democracia. Para que esto fuera posible la sociedad venezolana tuvo que sortear un conjunto de amenazas y tentaciones que la pusieron a prueba durante todo el año de 1958.

La capacidad para construir acuerdos, sociales, políticos, económicos a lo largo de este año en las condiciones más difíciles, fue clave para evitar la regresión autoritaria y militarista, que estuvo siempre presente como tentación y amenaza. Sin acuerdos como el Avenimiento Obrero Patronal o como el Pacto de Puntofijo es probable que no se hubiera podido consolidar el régimen democrático, y hoy nuestra memoria histórica del 23 de enero de 1958 estaría marcada más por la recurrente frustración cívica que por el amanecer de la era democrática.

El derrumbe

Cinco años de dictadura personal, una década militar
La caída de Pérez Jiménez es la última etapa de la crisis del gobierno militar instaurado en noviembre de 1948. El segundo semestre de 1957 se caracterizó por la crisis económica, vinculada con la reducción en la compra de petróleo por parte de EEUU, con la creciente deuda interna del gobierno con los constructores privados, y con el aumento del desempleo en las grandes ciudades, especialmente en Caracas. A lo largo de 1957 se fue viniendo abajo lo que quedaba de la coalición que había sostenido a la dictadura durante casi una década.

Por su parte, las fuerzas contrarias a la dictadura aumentaban y se incrementaba su unidad. La Iglesia Católica dio su aldabonazo el 1° de mayo de 1957, con la pastoral de Monseñor Arias Blanco. En junio la conformación de la Junta Patriótica representó la unificación de las iniciativas de la resistencia interna de Acción Democrática, del Partido Comunista de Venezuela, de Unión Republicana Democrática y de COPEI. Los líderes en el exilio también dieron importantes pasos hacia una acción conjunta, Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba, y Rafael Caldera terminaron reunidos en Nueva York, contando incluso con la presencia del viejo expresidente Eleazar López Contreras.

Los últimos meses fueron de caída libre. Por ejemplo, las movilizaciones estudiantiles del 21 de noviembre contra el fraudulento plebiscito que se realizó el 15 de diciembre, donde los demócratas tomaron la decisión de no participar, marcaron el derrumbe.

La pastoral de Monseñor Arias abrió la brecha
En la noche del 31 de diciembre para el 1° de enero de 1958 se mostraron las fisuras internas de las mismas Fuerzas Armadas, cuando aviones militares sobrevolaron Caracas y una columna de tanques, al mando de Hugo Trejo, se levantó y pretendió avanzar contra la capital. El núcleo del soporte institucional de la dictadura también se derrumbaba.

Las fuerzas vivas, grupos organizados, gremios, intelectuales, periodistas, empezaron a realizar pronunciamientos públicos contra la dictadura, aspecto que se acentuaría durante los primeros días del mes de enero de 1958.

La huelga general convocada por la Junta Patriótica se inició el 21 de enero de 1958, terminando de quebrar las últimas líneas de resistencia de la dictadura. A Marcos Pérez Jiménez se le permitió abandonar el país el 23 de enero, rumbo a Santo Domingo, donde el tirano Rafael Leonidas “Chapita” Trujillo, lo esperaba con los brazos abiertos.

El inicio de la transición: desbrozando el camino a la democracia

Cae Pérez Jiménez, pero los militares siguen en el poder
En enero de 1958 nada estaba asegurado. El derrocamiento de una dictadura militar no implica necesariamente la instauración inmediata de un régimen democrático, de hecho la posibilidad la sucesión controlada por los militares podía degenerar en un nuevo gobierno controlado por el mismo sector castrense.

La experiencia histórica venezolana no parecía llamar al optimismo en 1958. Apenas nueve meses había durado la Presidencia de Rómulo Gallegos, el único electo por voto universal, directo y secreto. A lo largo de más de un siglo de vida republicana distintas formas de autoritarismo, caudillismo y personalismo habían marcado el devenir político venezolano. La década militar había sido la última expresión de una larga sucesión de gobiernos autoritarios.

Las condiciones económicas tampoco eran las mejores. La crisis que se inició en 1957 parecía agudizarse en 1958. EEUU había reducido la compra de petróleo venezolano y eso no parecía cambiar a corto plazo. La inestabilidad política aumentaba la incertidumbre y el riesgo económico. La fuga de capitales se hizo presente porque no eran claras las perspectivas venezolanas. Desempleados llenaban las calles de la ciudad capital, construcciones paradas a la expectativa del resultado del cambio. El Plan de Emergencia fue la respuesta política de la Junta de Gobierno a la tensión social vinculada con el desempleo. Esto desestabilizó aún más las finanzas del Estado durante ese año.

La primera Junta Militar sustituye a MPJ
El primer momento de la sucesión se resolvió dentro de la misma institución militar. El gobierno personal de Marcos Pérez Jiménez fue sustituido por una nueva Junta Militar presidida por Wolfgang Larrazábal. La presencia en ella de los coroneles Roberto Casanova y Abel Romero Villate, motivó la protesta de Hugo Trejo, militar que había liderado el alzamiento del 1° de enero. Esta presión derivó en la expulsión de estos dos oficiales, de la Junta y del país, y su sustitución por dos civiles, Eugenio Mendoza y Blas Lamberti.

Este solo fue el primer episodio de una serie de situaciones críticas que tuvo que sortear el proyecto democrático para abrirse paso durante 1958, lo que eso derivaba del reposicionamiento de varios actores e instituciones en una situación de alta incertidumbre, donde no estaba claro que tipo de régimen se instauraría en Venezuela.

En primer lugar debemos mencionar la intranquilidad de los sectores militares, quienes habían manejado el poder durante la década previa. El intervencionismo militar en la política impedía la institucionalización democrática. El caso de Hugo Trejo es sumamente interesante, en los primeros meses de 1958 pretendió ser un factor de poder entre los militares y la ciudadanía, presionando políticamente en un sentido o en el otro a partir de su “liderazgo militar”. Esto creaba resistencias y tensiones entre los militares. En abril de 1958 se le hizo escoger entre una embajada en Costa Rica o la cárcel. Trejo salió para San José.

El segundo factor a tomar en cuenta es el retorno de los exiliados y la emergencia de los partidos políticos, de los sindicatos y el movimiento obrero, a la vida pública legal. El retorno al debate político plural, la reaparición de las organizaciones, otrora demonizadas por el gobierno militar, a la vida pública, el regreso de líderes que habían sido perseguidos generaría resistencia entre los sectores militares más conservadores.

De igual manera la reinstitucionalización de los partidos políticos derivaría en otra tensión, esta vez con la Junta Patriótica, que será progresivamente ampliada, para luego ser lanzada a la periferia de las decisiones políticas conforme las direcciones nacionales de los partidos políticos se consolidaban como centros de dirección política en Venezuela.

Encrucijadas críticas

Graves momentos de tensión se vivieron entre enero y diciembre de 1958, que estuvieron cerca de llevar a Venezuela a la regresión autoritaria de una nueva dictadura militar. En este recorrido veremos algunas de las amenazas que hubo que enfrentar, los incentivos que hicieron posible los grandes acuerdos políticos y sociales que desbrozaron la ruta de la democracia, en un terreno en el que no había nada garantizado.

El recibimiento de Nixon en Caracas fue agresivo
Primero, las relaciones entre obreros y patronos. La crisis económica tuvo un importante impacto en el desempleo. Esto creaba las condiciones para un aumento de la conflictividad laboral. Ante esto el gobierno respondió con el Plan de Emergencia. El movimiento obrero, en proceso de reconstrucción luego de la dictadura, intentó evitar que legítimas movilizaciones reivindicativas fueran excusa para una regresión autoritaria. El Comité Sindical Unificado inició negociaciones con la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción (Fedecámaras) hasta firmar, el 24 de abril, el Avenimiento obrero-patronal que pretendía garantizar paz laboral sin despidos injustificados.

Segundo, la visita del vicepresidente de los Estados Unidos de América, Richard Nixon, en mayo. El gobierno republicano de Eisenhower había apoyado diversas dictaduras en América Latina. La gira que su Vicepresidente realizó por la región fue inoportuna y contó con el rechazo activo de muchos ciudadanos. Su estadía en Caracas generó fuertes protestas, llegando a poner en riesgo incluso la integridad física de Nixon. A pesar de que todos los partidos políticos rechazaron estos ataques por considerarlos irresponsables y temerarios, el impacto político fue alto, incrementando las tensiones en el proceso de democratización.            

Líderes contra el golpe de Estado de Castro León
Tercero, los intentos de golpe de Estado de altos oficiales del ejército. En julio, Jesús María Castro León, Ministro de Defensa de la Junta de Gobierno, se alza en armas, pretendiendo evitar la realización de las elecciones, ilegalizar a partidos como Acción Democrática y el PCV, expulsar a varios dirigentes y restablecer el régimen militar autoritario. Es derrotado con la gente en la calle. Dos meses después, en septiembre, Juan de Dios Moncada Vidal también se alza, aunque también es derrotado se hace evidente que la regresión autoritaria es una amenaza real.

Cuarto, las dificultades para construir una candidatura única de las fuerzas democráticas en medio de la crisis. Desde que se convocaron las elecciones hubo intentos de que se presentara una candidatura presidencial única para las elecciones de diciembre. Muchas conversaciones entre dirigentes políticos y sociales se realizaron en medio de este esfuerzo infructuoso. En octubre se inscribieron las candidaturas presidenciales. El cuatro de octubre Wolfgang Larrazabal aceptó la candidatura de Unión Republicana Democrática. Rafael Caldera se convierte en candidato de COPEI el siete. El trece Rómulo Betancourt es proclamado como candidato de Acción Democrática.

El Pacto de Puntofijo: la viabilidad de la democracia

Sin Pacto de Puntofijo la democracia no se consolida
Es más fácil proclamar la unidad que construirla, no es un problema de voluntarismo sino de capacidad y habilidad para construir un terreno común sobre el cual generar acuerdos viables. La unidad soñada, ideal, proclamada bajo el nombre del Espíritu del 23 de enero, era en gran parte un cúmulo de buenos deseos, un clima de opinión pública con dificultades para hacerse operativo en la práctica. El paso de la unidad soñada a la unidad viable es el camino que se recorre del 23 de enero al 31 de octubre de 1958, que finaliza con dos documentos fundamentales en la historia contemporánea de Venezuela, el Pacto de Puntofijo y el Programa Mínimo Común.

El Pacto de Puntofijo, suscrito el 31 de octubre por Acción Democrática, COPEI y URD hizo posible la institucionalización de la democracia, mostrando la unidad de las fuerzas civiles frente a la amenaza cierta de una regresión autoritaria militar. En resumen se acuerda el respeto al resultado electoral, la instauración de un gobierno de Unidad Nacional y la redacción de un programa común. A pesar de que el Partido Comunista de Venezuela fue excluido del Pacto de Puntofijo la dirección nacional de este partido apoyo lo establecido en el mismo, excepto en lo que se refería a la existencia de varias candidaturas a la Presidencia.

Un día antes de las elecciones presidenciales, el seis de diciembre de 1958, los tres candidatos presidenciales, Betancourt, Larrazabal y Caldera, firman el Programa Mínimo Común, que establece los grandes consensos del proyecto nacional democrático que se desarrollarían los siguientes veinte años. Aspectos que habían sido parte de agrias polémicas en las décadas anteriores, como la educación, la Reforma Agraria, la política petrolera, así como el rol del Estado y del sector privado en la economía, están ahora incorporados dentro de un gran consenso político.

Rómulo Betancourt es electo Presidente de la República el siete de diciembre de 1958, iniciándose cuarenta años de régimen democrático, de gobiernos civiles. Durante el gobierno de Betancourt se consolidan nuevos acuerdos, como el Concordato con la Santa Sede que racionaliza las relaciones del Estado con la Iglesia Católica, se redacta una nueva Constitución por consenso plural, pero las bases del sistema democrático habían sido montadas durante el difícil año de 1958, no el 23 de enero, sino a lo largo de más de trescientos días de tensiones, incertidumbre y conflictos que impulsaron la construcción de los grandes consensos.

martes, 20 de enero de 2015

El legado-trampa: el problema económico es político

El "legado" es la trampa abismal
Nuevamente fue postergada la presentación de la Memoria y Cuenta de Nicolás Maduro, lo que refleja no solo la incapacidad del gobierno para dar una respuesta efectiva a la crisis económica que nos está tragando cual tremedal, sino que además evidencia la incapacidad de evitar su traslado a una profunda crisis política en la que ya nos encontramos inmersos. No pueden responder al problema económico porque están incapacitados para desmontar la política que lo generó.

Vamos al punto. Hemos sido testigos estos días de una discusión, entre técnica, económica y política, sobre las medidas necesarias para sacar a Venezuela del desolado paisaje de escasez, desabastecimiento, colas, en que se ha convertido nuestra cotidianidad. Varios han promovido diversas acciones, desde la unificación cambiaria hasta la sinceración del precio de la gasolina, desde ir al FMI hasta pedirle más dinero a los chinos, otros incluso sueñan (o tienen pesadillas) con escenarios de mayor radicalización. Por diversas vías llega la información de que varios equipos gubernamentales discuten paquetes de medidas para “sortear” la crisis, a la que siguen trabajando como “coyuntural” y derivada de la caída del ingreso petrolero.

“¡Es la política, estúpido!”


La crisis no es una simple derivación de la caída del petróleo
Pero, en el fondo la opinión pública está rodeando el aspecto clave de la presente situación venezolana, el problema económico en Venezuela es político, porque deriva del impacto institucional de la implantación de un modelo de poder sobre la sociedad. No se resuelve con un paquete de medidas económicas si este no pasa por un cambio en el funcionamiento efectivo del poder y en su correlación institucional.

La crisis económica actual no es una simple derivación de la caída de los precios del petróleo. El boom petrolero, y la inmensa cantidad de ingresos que en forma de petrodólares llenó las arcas del Estado, lo que hizo fue ocultarnos la profundidad de la destrucción del aparato productivo y de las redes de distribución y comercialización interna. De hecho el recurso público generado fue usado por el gobierno para desatar un populismo consumista, como lo define Tamara Herrera, mientras incrementaba la destrucción productiva de Venezuela.

Entonces, lo que hay que asumir es que el “legado” es la trampa y el laberinto en que estamos sumergidos, el malestar que estamos viviendo no es un mal funcionamiento del modelo, sino la consecuencia efectiva de su aplicación. El funcionamiento de la economía en Venezuela está tan profundamente imbricado con el modelo político impuesto que no puedes generar cambios efectivos en la dinámica económica sin colocar una bomba por debajo de la línea de flotación del régimen político. Esto es así porque el modelo político impuesto por la nomenklatura gobernante hizo de la gestión económica un instrumento de control social para consolidar su hegemonía de forma permanente y absoluta.

Un entorno hostil: instituciones extractivas y control social


El modelo ha creado un entorno hostil para emprender nuevos negocios, ha generado una trampa porque esa era la meta. Conservar el poder de manera hegemónica, personal, permanente, impedir cualquier forma de autonomía social, vista como potencial amenaza a la hegemonía, han sido los objetivos centrales, rectores como diría Diego Bautista Urbaneja, de todas las acciones gubernamentales del chavismo desde 1999. No hay una preocupación real por la gestión, más allá de la imprescindible para no perder el control social.

El desarrollo práctico de este objetivo rector se ha expresado en el modelo, que motoriza al régimen y al sistema. Desde que en 2005 Hugo Chávez empezó a hablar del “socialismo del siglo XXI” las coordenadas estaban claras, y con cada vuelta de tuerca la política de establecimiento de controles sobre la economía usando el recurso petrolero avanzaba, en desmedro del sector privado productivo y autónomo, que era visto como enemigo, porque la autonomía de los actores sociales es concebida como una amenaza potencial al sistema. El avance del modelo fue modificando el entorno económico, político y social, a través de acciones ejecutivas tomando control de sectores productivos, de legislación que impedía la actuación autónoma de los actores económicos, de restricciones que inhibían cualquier inversión que se tradujera en autonomía.

Los inmensos ingresos petroleros fueron usados por el Estado para apropiarse de gran parte de la infraestructura productiva privada, bloqueando la producción no-petrolera e incrementando las importaciones.

El control de cambio ha contribuido a generar inmensas distorsiones
Un ejemplo dramático son los alimentos. Entre 2010 y 2014 la destrucción de toda la cadena de producción, comercialización y consumo de alimentos ha sido sistemática, de acuerdo a lo señalado por Rodrigo Agudo. En 2010 se destruyó la capacidad de producir y se avanzó en la pérdida del crédito externo para importar, responsabilizando el gobierno a la “dependencia imperial”. Los denominados “explotadores” fueron los objetivos del ataque gubernamental en 2011, avanzando en la destrucción de la manufactura perdiendo la oferta de alimentos procesados. Los mayoristas fueron el centro de la ofensiva del gobierno durante 2012, acusados de acaparadores, agudizando el desabastecimiento. El ataque alcanzó a los vendedores al detal en 2013, etiquetados como especuladores, extendiéndose la escasez. En 2014 el ataque se centró contra el consumidor final, la familia, acusada de consumista. Finalmente, llegó en 2015 la escasez generalizada.

Los efectos perniciosos de la destrucción de las redes privadas de producción y comercialización fueron ocultados por el incremento del consumo vinculado a la expansión del gasto público. El boom petrolero ocultó la destrucción de la economía. Vamos a tratar de entender el entorno creado para proceder luego a trabajar en el desmontaje.

Lo primero a comprender son los cambios en el entorno político-institucional. En Venezuela no existe hoy Estado de Derecho, ni tribunales independientes, ni justicia imparcial, por ende el derecho de propiedad es una gracia del poder. Al no haber tribunales independientes no hay posibilidad de tener un juicio justo. Sin protección a la propiedad privada el riesgo de ingresar en el mercado venezolano es muy alto. Al no existir transparencia en la gestión del Estado los inversores no pueden planificar a mediano y largo plazo.

La burocracia estatal estimula con cada alcabala la corrupción, y estamos repletos de trabas. Vamos a adentrarnos en los datos que nos proporciona el Informe Doing Business 2015. En Venezuela se requieren 17 procedimientos para crear una empresa, lo que tarda 144 días; se deben realizar 9 procedimientos en 380 días para tener permisos de construcción, 6 procedimientos en 178 días para tener servicio eléctrico, 9 procedimientos y 52 días para registrar una propiedad. De acuerdo al mismo Informe Doing Business 2015 Venezuela se encuentra en las peores condiciones en lo que se refiere a derechos de propiedad (1/12). Se pagan 71 pagos de impuestos por año, tardando 792 horas.

Las exportaciones también están entorpecidas. Legalmente, se requieren 8 documentos para exportar, lo que tarda 56 días e implica un alto costo de la exportación (3.490$ por container). De igual manera se exigen 9 documentos para importar, que se consiguen en 82 días, con alto costo también para la importación (3.695$ por container). Cada procedimiento es una nueva alcabala y una nueva oportunidad para la corrupción, que el modelo aúpa y ampara estructuralmente.

La alta incertidumbre y la inestabilidad han marcado la economía venezolana los últimos años. Estamos hoy en medio de una recesión institucionalizada, como bien caracteriza Asdrúbal Oliveros, es probable una caída del Producto Interno Bruto de -6% en 2015, con un entorno petrolero adverso, marcado por el descenso de los precios, la pérdida de mercados internacionales para el petróleo venezolano y la destrucción sistemática de PDVSA.

Tenemos un creciente e inmanejable déficit público que se eleva a -18% para este año. Los niveles de endeudamiento no son manejables sin un cambio estructural. El descenso de las importaciones privadas en un entorno de controles y restricciones nos habla de una caída del consumo.

Con una de las más altas tasas de inflación del mundo, mayor al 60% en 2014 (oficial), que puede superar el 100% en 2015. Esta alza en el costo de la vida es alimentada por una irresponsable política fiscal y por una política monetaria de impresión de dinero inorgánico que han destruido el valor de la moneda.  Al mismo tiempo la política cambiaria impide la inversión al bloquear el libre flujo de capitales. Entonces, tenemos una caída histórica en los niveles de inversión privada los últimos quince años, y una muy probable caída de la inversión pública en 2015.

A lo largo de la última década la legislación económica se ha dedicado a incrementar los controles, aumentar la burocracia que traba el flujo de la economía e impedir la existencia de iniciativas económicas autónomas, inhibiendo toda inversión productiva. La gestión política de la economía se ha desinstitucionalizado, mientras que el poder de la burocracia es tan total como corrupto, al no existir criterios claros y transparentes. En este marco la planificación centralizada ha demostrado nuevamente ser brutalmente ineficiente.

La estructura legal y política de controles ha distorsionado la economía hasta hacerla inhóspita para cualquier inversión productiva. Lo establecido en el Plan de la Patria termina destruyendo cualquier posibilidad de recuperación económica. La Ley de “Precios Justos” no ha impedido la inflación ni la escasez, pero el control sobre las cadenas de distribución de bienes ha hecho rotar geográficamente la escasez de muchos productos. No hay política real de estímulo a la producción privada, todo lo contrario la legislación la inhibe. Los Decretos Ley aprobados en el marco de la última Ley Habilitante son ejemplo claro, no resuelven los problemas que nos han conducido a la presente crisis sino que la agravan.

Todo esto nos lleva a comprender la caída importante del consumo interno y el inevitable empobrecimiento de los últimos dos años. El mercado laboral también presenta una gigantesca acumulación de distorsiones, la inamovilidad laboral, mantenida artificialmente, inhibe la creación de empleo. A lo que hemos de agregar que las instituciones de capacitación para trabajadores no están funcionando.

La extensión en el tiempo del control de cambio ha generado una cadena de distorsiones en la economía venezolana que es muy difícil de desmantelar. En Venezuela no hay acceso efectivo a un mercado global de capitales, aquellos que se arriesgaron a invertir no pueden repatriar ganancias, por ende no volverán a invertir ni estimulan que otros lo hagan. A lo que debemos agregar el bloque al acceso a un mercado global de insumos externos que hacen posible la producción interna.

Pero el asunto es también muy grave en materia de infraestructura y servicios públicos, la crisis de los servicios públicos es un inhibidor de la inversión. Las irregularidades en el servicio eléctrico aumentan los costos y reducen la productividad, las irregularidades en el acceso al agua perjudican la productividad. La inseguridad personal tiene profundas implicaciones económicas, los costos derivados del riesgo por motivo de delincuencia constituyen un inhibidor a potenciales inversiones. El colapso recurrente de las vías de comunicación, otrora eficientes, aumenta riesgos y costos asociados. Por último el acceso limitado e irregular a servicio de comunicaciones vitales, como lo son hoy las conexiones a internet, aumenta los costos de la inversión inhibiéndola.


La vía de solución pasa por desmantelar el “legado-trampa”


Restaurar la producción  pasa por un cambio político
¿Qué se puede hacer para lograr salir del laberinto de un entorno hostil? Construir un entorno institucional inclusivo y hospitalario para las inversiones. Eso es fácil de decir y complejo de realizar.
Vamos por partes. Efectivamente, lo primero es la política, y hablamos de la alta política, la institucionalidad del poder. Solo puede haber recuperación económica si existe seguridad jurídica, y eso pasa por la existencia de tribunales independientes, de una justicia imparcial que garantice efectivamente los derechos ciudadanos. Se debe proteger la inversión, con atención se debe amparar, promover y proteger la propiedad privada, especialmente de los medios de producción. Solo con poderes independientes, y con una justicia imparcial administrada por tribunales se puede luchar efectivamente contra la corrupción.

Sin Estado de Derecho no habrá inversión
En segundo lugar el Estado debe ser responsable ante sus ciudadanos, eso implica detener la emisión de dinero inorgánico, detener el financiamiento del BCV  a PDVSA, eliminar los Fondos paralelos (Fondo Chino, Fondo Miranda) y unificar el presupuesto de manera transparente colocándolo bajo estricto control parlamentario.

De igual manera el Estado debe garantizar la inversión eficiente en infraestructura de servicios para garantizar acceso regular a los mismos para todos, mantener el gasto social sin corrupción dedicado al desarrollo de las capacidades de los venezolanos.

Esto no se puede hacer con la presente opacidad en la información pública. La gestión del Estado ha de ser transparente, toda la información pública debe ser de acceso pleno para los ciudadanos. Es imperativo recuperar la autonomía institucional del Banco Central de Venezuela y del Instituto Nacional de Estadística, deben publicarse todos los indicadores con regularidad.

Vamos al punto de la construcción de la verdadera gran alianza productiva en Venezuela. Se deberían crear mecanismos de concertación permanente, institucionalizados, con el sector privado para generar una transformación productiva que permita incrementar la productividad de Venezuela. Restablecer comisiones tripartitas entre Gobierno, trabajadores y empresarios para cambiar las reglas de juego económico.

Hay que desbloquear el comercio exterior venezolano
No hay manera de incrementar la producción sin abrir el mercado venezolano a las inversiones privadas, internas y externas. El Estado debe desprenderse de empresas improductivas y quebradas, facilitar acceso a las divisas al sector privado para la generación de actividades productivas, facilitar repatriación de capitales invertidos para lograr promover nuevas inversiones.

Se requiere reducir y simplificar los trámites, tanto en número como en tiempo, lo que bajaría los costos económicos y reduciría las oportunidades para la corrupción. Se debe crear una plataforma de oportunidades para la inversión privada, tanto para la producción destinada a la exportación como a la dedicada al mercado interno. Se deben fortalecer los mecanismos económicos y las prácticas de integración regional, promoviendo el comercio exterior, la inserción de los capitales de la región en la economía venezolana, la inversión de capital nacional en la economía regional. La frontera debe ser un espacio de oportunidades de inversión.

La destrucción de la moneda debe ser revertida
Es imperativo eliminar controles arbitrarios y discrecionales establecidos sobre la economía, lo que pasa por derogar el Plan de la Patria y toda la legislación económica conexa, derogar la “Ley de Precios Justos” y derogar las políticas que pretenden controlar centralizadamente la producción, manufactura, distribución y consumo.

Finalmente, hay que invertir en el fortalecimiento de las capacidades de los venezolanos, lo que pasa por que las estructuras de capacitación de trabajadores deben cumplir su función, como lo es el caso del INCES, para aumentar productividad y competitividad de los mismos, única manera en que pueden insertarse en un mercado laboral cada vez más exigente.

¿Pueden desmantelarlo quienes lo construyeron?


No sin pagar un inmenso costo político derivado de la contradicción evidente. No estamos hablando de un simple paquete de medidas económicas, eso sería sencillo.

El “legado-trampa” es fundamentalmente una estructura de poder, con una correlación hegemónica que se ampara en la inexistencia de instituciones independientes y de Estado de derecho, con un funcionamiento del poder que se monta sobre la impunidad absoluta, sin límites legales, con arbitrariedad y discrecionalidad.

Sin modificar la correlación y el funcionamiento del poder no será posible que la economía vuelva a producir, entre otras cosas porque el personal gobernante, que domina al régimen, que controla el sistema, no genera ningún tipo de confianza. Montaron un sistema corrupto y corruptor, hoy no tienen ni capacidad, ni habilidad, ni incentivos suficientes para desmontarlo.

En conclusión, señores, sin cambio político, es decir, sin un cambio en la correlación y en el funcionamiento del poder, incluyendo a su personal de alto gobierno, Venezuela no podrá hacer frente a la crisis económica. Seguir “corriendo la arruga”, que parece ser la táctica escogida a falta de voluntad para enmendar, está profundizando la crisis, arrastrando al gobierno a una crisis política colosal.

Abrir el cauce del cambio político para enfrentar la crisis económica


¿Podrían abrir cauce para un cambio político? Tendría la nomenklatura que ser consciente de la necesidad de cambiar la correlación y el funcionamiento del poder, pero además los incentivos para hacerlo tendrían que ser mayores que los beneficios que genera el sistema para quienes lo controlan, en forma de impunidad, enriquecimiento y poder ilimitado. Eso ahora no parece posible, pero las condiciones pueden ser transformadas con los instrumentos históricos de la lucha política.

El cambio no ocurrirá sin presión social políticamente dirigida, que se exprese en cada resquicio existente, que combine movilizaciones en calle con presión política específica, que sea capaz de modificar la arena electoral, mover decisiones en la arena judicial, hacer uso de los medios de comunicación existentes, impulsar cambios en la arena legislativa, para lo que las elecciones parlamentarias serían un momento privilegiado.


Estoy convencido de que el año 2015 será crítico, y por lo mismo, será oportuno para la transformación, pero esta no será producto de un fenómeno natural ni astronómico compañeros, sino de un enorme esfuerzo político, social y cultural, solo así podremos salir del laberinto de la crisis socioeconómica venezolana. El resto es el abismo.

domingo, 11 de enero de 2015

Las colas de nuestros tormentos…, y el sistema que las genera


Caracas, 2015
Las últimas luces del sol caen sobre la ciudad, algunos charcos quedan en las calles reflejando los naranjas y rosas del atardecer. La lluvia pasó por aquí hace rato, una multitud se arremolina, una nueva cola se deja entrever, magnética, seductora. Unos detrás de otros, cada quien con sus vivencias, con sus necesidades, con sus historias, largas filas se acumulan, doñas de la juventud prolongada, jóvenes avejentados, hombres maduros, algunos desempleados, otros escapados de su casa, muchos revendedores esperando su oportunidad, algunos oportunistas desubicados, algún carterista buscando una víctima inocente, muchas madres preocupadas, hijos buscando la medicina de sus madres y padres. La escena se repite desde la puerta de supermercados y abastos, en farmacias y hasta en bombas de gasolina, filas que salen a la calle, colas que le dan la vuelta a la cuadra.

En la esquina alguien pregunta, “¿para qué es esta cola?” Una señora que con una bolsa lleva dos horas parada voltea y responde, “no sé, pero me dijeron que pronto llegaría leche”. El curioso avanza más allá, se acerca a la puerta del establecimiento, consigue hacer contacto visual con una empleada, “¿qué hay?” pregunta, la muchacha responde a todo pulmón, “en un par de horas llegará el camión”. Murmullos se esparcen por la cola. No queda claro el objeto, pero la realidad es que el curioso se convierte en otro habitante de este nuevo ritual urbano, a la espera que algo llegue.

Venezuela, 2015
Muchos se quejan, todos saben que las cosas están mal y que todo empeorará antes de mejorar, pero nadie se mueve de la fila, nadie quiere perder su puesto. El vestuario que acompaña el rito es variopinto, jeans y franelas por allí, un vestido avejentado por allá, unos uniformes de oficina, algunos paraguas alertas en caso de que la lluvia vuelva a sorprender, sandalias, zapatos, botas, uno detrás del otro.

Dos guardias nacionales y un par de policías nacionales caminan al ras de la cola, pasando la vista entre la multitud, apenas llegan a los veinte años de edad, delgados, con armas que no están seguros de dominar. Pretenden ser la representación de un “orden”, creen generar respeto y apenas algo de temor desatan entre apresurados transeúntes.

Cada quien tiene su cola, añorante, sediciosa, alguna nos encontrará al salir, como una cita programada, la de la leche, la de la harina, la de la farmacia. En menos de lo que nos demos cuenta ya estaremos ubicados, localizados, detrás de uno que llegó primero, delante de otra que se quedó un rato distraída. Nuestra cola espera por nosotros.

[…]


Unión Soviética y sus colas para comprar pan.
Las colas recurrentes, la escasez, el control de precios, el racionamiento planificado como si de una gracia real se tratara, el contrabando, el mercado negro, todo forma parte sustancial del sistema, son expresión del fracaso estrepitoso de un modelo político y económico diseñado para destruir cualquier rastro de autonomía individual en la sociedad, diseñado para convertirnos de ciudadanos en súbditos agradecidos por las migajas que a nuestras manos llegan.

No somos los únicos, ni somos los primeros. Durante las guerras efectivamente se generó escasez y se implantaron medidas de racionamiento, con tarjetas incluidas, la experiencia de la Segunda Guerra Mundial fue clara en ese sentido. Durante desastres naturales de alto impacto también se han visto. Pero en tiempos de paz expresan un esquema de gestión de la economía que ha demostrado su fracaso en cada ocasión que se ha impuesto. Las colas son rito diario en los países comunistas que quedan, en Cuba, en Corea del Norte, forman parte de su día a día. Aquellos que conocieron a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas tienen recuerdos claros de estos rituales, Polonia, Bulgaria, Rumania, la Alemania del Este, todos recuerdan, aunque no quieran, las horas perdidas en estas jornadas.

Polonia
Los revendedores forman parte de este sistema, que es corrupto y corruptor al mismo tiempo. Quienes vivieron bajo estos regímenes también tienen claro que la vida era posible gracias al mercado negro, al contrabando, a lo que en la España franquista llamaban el estraperlo. Porque el contrabando es el correlato inevitable de la escasez y de los controles discrecionales que inhiben la producción destruyendo todo incentivo. Los revendedores que pululan en la redoma de Petare, en Catia, en zonas populares de nuestras ciudades, presentando a los peatones los productos a precios que triplican los oficiales, saben bien a lo que nos referimos.

En la Cuba de los Castro, en la China de Mao, en el Vietnam de Ho Chi Minh, en la Unión Soviética de Brezhnev, en la RDA de Honecker, la vida se resolvía por los caminos verdes, por debajo de una legalidad imposible, de una racionalización planificada que era inviable, que pretendía negar la realidad imponiéndole el voluntarismo racionalista de unos pocos. La vida se abre paso en los entresijos de una legalidad absurda.

Bucarest en 1982
La Ley Orgánica de Precios Justos, publicada en Gaceta Oficial el 23 de enero de 2014, constituye una de las iniciativas legales que ha hecho más por inhibir cualquier posibilidad de producir y comerciar de manera autónoma, así como ha sido corresponsable de propiciar la aparición y expansión de un inmenso mercado negro, lleno de revendedores, promoviendo la creación de una gigantesca red de corrupción.

Todo el entramado burocrático que ha crecido alrededor de esta Ley es terreno fértil para la corrupción, para la expansión del mercado negro que dice combatir. La Superintendencia de Precios Justos, con sus burócratas, es corresponsable de las colas que nos afectan, es protagonista central de la escasez, es promotora real de los revendedores que compran aquí y allá a precios regulados la mercancía para luego colocarla un poco más lejos y revenderla al triple del precio oficial.

Como ocurría en los ejemplos anteriores, el acceso a los productos escasos se encuentra políticamente en manos de aquellos que controlan el poder, que manejan las divisas que ingresan al país, que otorgan o niegan los permisos de importación, quienes dominan las plantas de producción expropiadas, quienes otorgan las “guías” que permiten el traslado y distribución de mercancía, en fin, una red de burócratas y funcionarios que controlan discrecionalmente la solución a las necesidades vitales de las personas. Los que destruyen la posibilidad de producir son los que tienen la llave de acceso de la que se alimenta el mercado negro. El sistema es corrupto y corruptor.

Venezuela, 2014 y 2015
Esto no lo resuelve el gobierno importando nerviosamente más comida con petrodólares menguantes, ni lanzando discursos altisonantes llamando a producir más mientras todas las acciones políticas crean un entorno que lo imposibilita. Tampoco bastan encuentros regulares con algunos empresarios que no cambian ninguna regla de juego en la economía.

El gobierno es incapaz de generar confianza porque cada paso que da y cada categoría que maneja nos hunden más, siendo la única guerra económica existente aquella que conduce Nicolás Maduro desde Miraflores contra las fuerzas productivas venezolanas, y que ha destruido el valor del bolívar y el aparato productivo nacional, creando un entorno hostil para cualquier negocio honesto.

El paraíso de la escasez en la URSS
Es obligatorio romper el círculo vicioso que va de los controles a la escasez, de la escasez al contrabando y del contrabando a los nuevos controles, y ahoga toda posibilidad de incrementar la producción nacional, de facilitar el acceso regular, cotidiano, a los alimentos y a las medicinas.

Con esta Ley de Precios Justos la escasez y las colas se entronizarán de manera permanente. Con el entorno económico hostil que el gobierno ha generado no llegará ni la producción ni la inversión que podría llenar los anaqueles. Hay que devolver las tierras e industrias expropiadas porque dichas expropiaciones no solo han destruido la producción sino que han sembrado la certeza global de que en Venezuela no se respeta la propiedad privada.

Ya pasó el tiempo de las reformas en el sistema. El modelo económico y político, el “legado”, tiene que ser desmontado en su totalidad para que Venezuela pueda volver a producir, para que finalicen las colas, y para que el acceso a los bienes y servicios necesarios para tener calidad de vida sea una realidad universal, sin tener que sacrificar horas de nuestra vida en una cola preguntándonos, ¿será que ya llegó la leche?

"Precios justos": un fracaso en todos los sentidos
Cada día está más clara la convicción de que sin un cambio político el cambio económico será imposible, la crisis de la economía seguirá profundizándose sin un cambio en el funcionamiento y en la correlación del poder. La nomenklatura, militar y civil, que medra alrededor de Nicolás Maduro no tiene capacidad para adelantar las transformaciones necesarias. Esa mezcla turbia de dogmatismo ideológico, incapacidad técnica, adicción a los beneficios particulares que obtienen del sistema, y miedo al tremedal que los arrastra, impide que el cambio se abra camino con los “herederos del legado”. El sol se pone contra ellos.

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La Guardia Nacional "resguardando" las colas
Como cada noche, la ciudad es tomada finalmente por el oscuro manto, se desata una ligera garúa que empapa a todos, los paraguas se abren, la cola sigue detenida rodeando la cuadra, nadie abandona su puesto, un camión dobla la esquina, la guardia se mueve para evitar que la multitud asalte el transporte. El murmullo se extiende por la cola, la tensión se palpa en el aire, la tentación de la represión está a la orden del día. La gente está ansiosa, los guardias están nerviosos, los empleados también, el conductor del camión no sabe qué hacer. La lluvia cae. La escena se repite, en cada supermercado, en los Mercal, en las farmacias. Una cola espera por ti, un desasosiego, una necesidad, una pregunta… ¿llegó la leche?

domingo, 4 de enero de 2015

Tan lejos y tan cerca: nosotros ante la Agenda Global 2015

Uno de los aspectos más negativos del balance que podemos hacer del proceso de transformación política que Venezuela ha vivido los últimos quince años es que, más allá de la retórica rimbombante y de las loas ocasionales de algunos románticos, nos hemos venido quedando atrás respecto a las grandes corrientes mundiales de cambio tecnológico, económico, político, social y cultural.

El público debate político e ideológico, siempre necesario, presenta en Venezuela una regresión con rasgos anacrónicos. Soy defensor de la necesidad de discutir alta política, incluso de debatir en términos ideológicos, filosóficos y de valores la dirección que queremos darle al proyecto histórico venezolano, pero siempre insertos dentro de un debate global, humano, que se está dando actualmente.

No demonizo el empleo de términos como “socialismo” o “revolución”, aunque soy profundamente crítico de su uso dogmático y anacrónico. El dogmatismo del siglo XXI es incapaz de entender los cambios en las condiciones objetivas y subjetivas que han venido alterando el mapa conceptual y tecnológico que nos permite darle forma al futuro, tiene más vinculación con el reaccionario fundamentalismo religioso que con un acercamiento moderno al cambio social y político. No se puede hablar de socialismo en el siglo XXI sin tener un acercamiento crítico a las terribles experiencias de los experimentos totalitarios en el siglo XX, y no se puede hablar de “Revolución” sin comprender los cambios que dicho concepto ha tenido desde fines del siglo XVIII.

En Venezuela hemos necesitado volver a lo básico, hemos tenido que defender los derechos individuales, las libertades civiles fundamentales, el proyecto republicano y democrático ante la arremetida autoritaria, la separación y equilibrio de Poderes ante el nuevo discurso despótico. Este retorno a debates superados en otras latitudes no nos ha permitido prestar la debida atención pública a los términos de un debate mundial sobre la crisis de un modelo civilizatorio, sobre las transformaciones que en la humanidad se derivan de trascendentales innovaciones tecnológicas que están modificando nuestra relación con la naturaleza y entre nosotros, en los límites éticos de la acción humana, en fin, el debate sobre el futuro de la humanidad.

Lo que sucede en Venezuela efectivamente no está aislado de los cambios mundiales, como veremos más adelante, sino que es expresión concreta de los mismos, pero el mapa conceptual desde el que nos estamos acercando en el debate público nos está haciendo difícil comprender, hacer comprender, y transformar nuestra realidad. De aquí la necesidad, para comprendernos, de colocar nuestra mirada en el horizonte, de revisar los términos del debate mundial, de acercarnos a lo que se está discutiendo hoy como Humanidad.

El Informe de expertos nos abre una venta... miremos
En el marco de este interés por reconectar el debate venezolano con el debate global llegó en noviembre a mis manos un documento que me parece de trascendental relevancia. Revisé con interés el Informe del Foro Económico Mundial presentado en Dubái. Un informe sobre la Agenda Global 2015 donde expertos reflexionan sobre diez tendencias globales que perciben como retos que estamos enfrentando, y tendremos que enfrentar en un futuro, como humanidad.

En este artículo especial hago un ejercicio de reflexión sobre cada una de ellas más allá del acontecimiento, del día a día, intentando comprender el devenir de la Venezuela actual en correlación con estas tendencias globales. El diálogo entre lo global y lo particular, nacional, y entre el acontecimiento que nos abruma, la coyuntura que nos posiciona, y el largo plazo que nos ubica en el horizonte humano, nos será tremendamente útil para las luchas que estamos dando y que seguiremos dando en un futuro.

Las diez tendencias globales, para los próximos doce a dieciocho meses, donde estos expertos colocan su interés, pueden agruparse en cinco grandes bloques: primero, en términos específicamente económicos, la profundización de las desigualdades (1) y la persistencia del desempleo (2); segundo, en términos políticos la crisis del liderazgo (3) y el debilitamiento de la democracia representativa (5); tercero, en lo que se refiere a los nuevos desequilibrios mundiales de poder, el ascenso de la competencia geoestratégica (4) y la intensificación de los nacionalismos (8); cuarto, en lo que se refiere al impacto del cambio climático, el aumento de la polución en el mundo en desarrollo (6), la creciente posibilidad de ocurrencia de catástrofes climáticas (7) y el incremento del denominado stress hídrico, la crisis por el escaso acceso al agua (9); finalmente, en quinto lugar, la creciente importancia de la salud en la economía (10) que deriva, en gran parte, de cambios demográficos cada vez más globales.

Una economía mundial que crece desigualmente sin generar empleo suficiente


La economía mundial crece moderada y desigualmente, sin mostrar dinamismo en la creación de empleo, única forma en que la gente puede salir estructuralmente de la pobreza, generando autonomía real. Cuando señalamos el carácter desigual de la recuperación económica no solo hablamos del contraste entre la recuperación de Estados Unidos y el estancamiento europeo sino también que la brecha existente dentro de las sociedades parecen estarse ampliando. La economía crece para algunos mientras que se estanca para otros, aunque vivan en la misma ciudad, por lo que veremos en el futuro una civilización más polarizada, menos cohesionada, lo que incrementará muy probablemente la conflictividad social y política.

¿Dónde se incrementará la desigualdad en los próximos 12 a 18 meses?
La profundización de las inequidades en el ingreso y de las desigualdades económicas en general es la primera tendencia global que explora el informe. En los países desarrollados y en vías de desarrollo la mitad más pobre de la población tiene acceso a menos del 10% de la riqueza. Esto está vinculado al tipo de crecimiento de la economía que se está generando luego de iniciada la crisis de 2008. China está en el centro de este problema, por lo que el máximo crecimiento de la desigualdad se está dando justamente en Asia.

El continente más desigual del planeta es el nuestro. América Latina tiene los patrones más inequitativos de repartición de la riqueza y eso es percibido y atacado en el informe. Para enfrentar el problema de las desigualdades en Latinoamérica, el informe hace énfasis en la educación, en los cambios en la política impositiva y una política activa de bienestar social.

Estrechamente vinculada a las desigualdades crecientes la persistencia del desempleo, más allá del crecimiento de la economía, es la segunda tendencia global identificada para 2015. A pesar de que la economía mundial se ha recuperado de la crisis global que se inició en 2008 este crecimiento no se ha trasladado a la misma velocidad a la generación de empleo. Eso quiere decir que el crecimiento está siendo absorbido con menor cantidad de trabajo, bien por razones tecnológicas de productividad, bien por razones de absorción desigual de la riqueza.

Evolución proyectada del desempleo y el crecimiento económico
La pérdida de oportunidades de empleo también es un problema importante en América Latina. Las tres principales soluciones para enfrentar este problema en la región son, de acuerdo al informe, proveer educación, promover la innovación y crear empleo.

El derrumbe de la economía venezolana, certificada oficialmente en recesión para el último trimestre de 2014, ha tenido que tener un efecto negativo tanto en las desigualdades como en lo que se refiere a la generación de empleo de calidad. A pesar de que la retórica oficial, generalmente empleando cifras manipuladas, había hecho énfasis en la reducción de la desigualdad durante el período de altos ingresos petroleros, la realidad actual nos muestra un conjunto de desigualdades estructurales, derivadas de la implantación de un modelo económico caracterizado por controles arbitrarios con gran discrecionalidad de los funcionarios.

El modelo venezolano acumula un gran conjunto de distorsiones en la economía, otorgando un gran poder a burócratas y funcionarios gubernamentales que controlan el acceso a amplios recursos de manera discrecional. Así, una pequeña elite tiene acceso a divisas preferenciales, a recursos públicos ilimitados, a los que la mayoría no puede acceder, mezclando el desigual acceso al poder político con la posibilidad de enriquecimiento económico particular. Una economía con precios dolarizados, un bolívar devaluado y una alta inflación que supera el 60% (oficial), pero con salarios que pierden valor cada día, acumula desigualdad entre los que tienen acceso a divisas, a través del acceso al poder, y quienes no lo tienen.

Esta opacidad también se expresa en las cifras del desempleo. Aunque el INE señaló que en diciembre de 2014 el desempleo alcanzaba al 6,4% siendo un 40,3% en la economía informal, sombras de duda se extienden sobre estas cifras. El cierre masivo de empresas industriales, la escasez en la inversión productiva, la caída del Producto Interno Bruto, el ambiente hostil para el emprendimiento económico, para hacer negocios, no se corresponden al escenario idílico que pretende mostrar el gobierno en cuanto a sus cifras de desempleo. La persistencia, año tras año, del decreto de inamovilidad laboral, para impedir los despidos, tornando más rígido el mercado laboral, lo que inhibe la creación de empleo, es síntoma de un grave problema en la sostenibilidad del empleo en Venezuela.

El aparato económico venezolano, en contra de lo que señala el gobierno, potencia las desigualdades aumentando la dependencia e inhibe la creación de empleo decente, de empleo productivo, al inhibir la inversión. Nada en 2015 parece señalar que estas tendencias se reviertan, de hecho, la continuidad en las políticas rígidas de controles discrecionales agudizará la recesión durante este año que se inicia.



Frustración democrática y crisis del liderazgo


La crisis de la política democrática, diagnosticada cuando se habla de la crisis del liderazgo y del debilitamiento de la democracia representativa, está vinculada con las presiones a las que está siendo sometido el Estado Nacional moderno por una economía cuyo flujo es global.

Nunca la política democrática estuvo más extendida universalmente, aunque la creciente presencia de regímenes híbridos nos señale sus limitaciones, pero la frustración respecto a la democracia también se está extendiendo a gran velocidad.

Generalizada crisis del liderazgo
Recordemos que, desde el punto de vista de la historia humana, el experimento democrático, valioso para todos nosotros, es históricamente reciente y frágil. Requiere determinado conjunto de condiciones para que fructifique y se consolide. La ciudad-Estado, la polis, y el Estado Moderno, han sido el escenario territorial, espacial, del ejercicio histórico de la democracia. La disolución de la antigua polis, incluso de la urbe romana, en una expansión territorial mayor, tendió a disolver a las democracias, así como las instituciones republicanas romanas se disolvieron en el Imperio. La disolución de los poderes del Estado frente a los flujos económicos globales, cada vez más poderosos, cada vez menos sometidos a algún tipo de control racional, de voluntad democrática, genera un vértigo al que la democracia no tiene actualmente capacidad de responder.

Se reduce la participación electoral
La elección, democrática, de representantes que parecen tener, cada día, una capacidad efectiva más limitada para modificar el funcionamiento del orden sociopolítico y socioeconómico que viven sus ciudadanos, constituye caldo de cultivo para la frustración, sobretodo en el contexto de crecientes desigualdades. La existencia de poderosos impotentes electos por las urnas genera una pérdida de credibilidad en el sistema. El informe señala que hasta 86% de los encuestados considera que estamos en medio de una crisis de liderazgo en la actualidad.

El debilitamiento de la democracia representativa y de su liderazgo expresa profundamente esta crisis, los indignados en España, las protestas en Estados Unidos, etc., someten a fuertes críticas la efectividad de las instituciones existentes. La respuesta política tarda en llegar, en Estados Unidos la recuperación económica no se ha trasladado a una mayor credibilidad en el liderazgo político, en Europa la victoria de grupos extremistas, de derecha o de izquierda, expresan dicha insatisfacción. Estamos viviendo una crisis de la democracia realmente existente, ¿podremos salvarla? La respuesta queda abierta.

En Venezuela la crisis de liderazgo es también generalizada, pero no estamos viviendo bajo un régimen democrático, sino bajo una forma de autoritarismo que mantiene los rituales de la democracia vaciándolos de sentido y de poder real. En 2014 vimos una rápida devaluación de los liderazgos tanto oficialistas como de las fuerzas democráticas.

El caso venezolano puede ser analizado en el marco de la crisis del paradigma democrático, la decadencia de una democracia representativa, entre 1983 y 1998, derivó en el ascenso de un experimento autoritario con vocación totalitaria entre 1999 y 2014. La crisis de los liderazgos políticos, y de sus instituciones centrales, los partidos, los sindicatos, etc., sigue siendo parte del contexto venezolano para 2015.

Para 2015 el proyecto nacional republicano democrático venezolano seguirá enfrentando la arremetida autoritaria, y las elecciones parlamentarias serán un momento de definiciones para el futuro.

Desequilibrios del poder global: competencia geoestratégica y nacionalismos


La creciente competencia geoestratégica es otra de las tendencias que estarán presentes en 2015, efectivamente, la geografía sigue siendo importante. Hubo quienes hablaron del fin de la geografía con lo desaparición del espacio que implicaba el desarrollo de las nuevas tecnologías de información y comunicación, pero estamos viviendo un retorno del referente espacial cuando percibimos una nueva geoeconomía y una nueva geopolítica. No estamos viendo la disolución del espacio, la desaparición del paisaje, sino su relocalización vinculada a los cambios en la administración tecnológica de los tiempos.

Geoeconómicamente el cambio parece evidente. Así como en el siglo XVI la economía se movió del Mediterráneo al Atlántico en el siglo XXI estamos presenciado rápidamente la emergencia del Pacífico. El tráfico comercial se ha mudado al Océano Pacífico, colocando en el nodo de los flujos mundiales no solo a economías como las de China e India sino también Australia, Indonesia y países latinoamericanos como Chile, Perú, Colombia y regiones como California, todas vinculadas a la economía del Pacífico. Estos cambios en el mapa del poder económico también tienen impacto en la distribución del poder político, la competencia por África entre China y Estados Unidos, el control sobre Asia Central y Europa Oriental, como áreas de influencia de Rusia, los acercamientos entre rusos y chinos. La realpolitik y la geopolítica vuelven a estar a la orden del día.

La creciente emergencia del nacionalismo, tan presente en Europa, puede ser vista como una reacción defensiva frente a los vertiginosos cambios económicos, sociales, culturales y políticos que afectan a las comunidades. La incertidumbre creciente frente a los cambios, el debilitamiento de la capacidad efectiva de los Estados, propician la aparición de reacciones nacionalistas, que buscan recrear una ensoñación homogénea de la comunidad perdida. Esta tentación es peligrosa, en ella puede encontrarse la semilla de nuevos conflictos sociales, de la intolerancia y el totalitarismo.

Para enfrentar el ascenso de los conflictos geoestratégicos el informe señala que se debe avanzar en el desarrollo de capacidades de negociación y entendimiento, fortalecer estructuras de gobernanza, desarrollar una política exterior pro-cooperación, resolver conflictos y tensiones y fortalecer las organizaciones multilaterales. Ante la intensificación del nacionalismo, en América Latina el informe recomienda fortalecer los mecanismos e instituciones de asociación y cooperación, mantenernos informados y alertas, fortaleciendo la educación para la ciudadanía.

El descenso de Venezuela en el escenario global
El lugar de Venezuela en este escenario de transformaciones geopolíticas se encuentra en rápido descenso. Tras quince años de retórica rimbombante contra Estados Unidos, luego de emplear el recurso petrolero como herramienta de presión geopolítica para diseñar una red de alianzas que se extendía desde Petrocaribe hasta el Cono Sur, luego de haber intentado construir nuevas relaciones con Cuba, China, Rusia, Bielorrusia, la política exterior venezolana muestra señales de debilidad para 2015.

Una petrodiplomacia temeraria que dependía del alto valor del barril petrolero se debilita en un contexto de bajos precios como el que se abre durante el año 2015. Esta caída de los ingresos, la  crisis económica, el aislamiento del flujo de inversiones, implica una pérdida de la importancia geopolítica de Venezuela en el contexto latinoamericano y mundial.

El cambio climático y la acción humana


Del Asia se espera el máximo crecimiento de la polución en 2015
Tres de las tendencias analizadas para 2015 están vinculadas con el cambio climático y con el impacto de la acción sobre la naturaleza. Primero, el gran incremento de la polución en el mundo en desarrollo, Asia encabeza hoy la lista con un crecimiento de 37% en la contaminación generada en los próximos 12 a 18 meses. El crecimiento económico de China ha tenido un alto impacto ambiental, y aunque este se puede reducir en un próximo futuro, la expansión de las economías del sur asiático dejará una importante huella ecológica.

La ocurrencia de eventos climáticos cada día afecta a más personas
Por otro lado el incremento en la ocurrencia de eventos climáticos catastróficos es otra tendencia a la que tendremos que responder durante 2015. La reducción de la vulnerabilidad de nuestras comunidades tiene que ser una política sostenida. En Venezuela el desastre de Vargas en 1999 nos demostró el impacto que estas catástrofes pueden tener sobre la población, la pérdida de vidas, la destrucción de infraestructura, la desaparición de los servicios públicos. Un crecimiento urbano desordenado, que no preste atención a las potenciales vulnerabilidades, puede tener un impacto negativo en el momento de que estos eventos ocurran.

La sed será el signo del futuro para muchos
Veremos en 2015 un incremento de las tensiones por el desigual acceso al agua en varias regiones del mundo. Hay quienes señalan que las guerras del futuro serán por los recursos naturales, teniendo en el acceso a los recursos hídricos el más importante de ellos. Las sociedades del Medio Oriente, del norte de África, de México y El Caribe, de Perú y Chile, de Australia, de Indonesia, pero también España e Italia, serán profundamente afectadas por la escasez de agua.

Venezuela cuenta con unas inmensas reservas de agua potable, nuestras cuencas hidrográficas nos convierten en un territorio privilegiado, pero la falta de mantenimiento en las instalaciones existentes para garantizar la distribución al grueso de la población ubicada en el norte costero, así como la falta de inversiones efectivas para que el servicio se preste eficientemente han venido afectando negativamente a amplias capas de la población. La sequía era previsible, la falta de mantenimiento y de inversiones son responsabilidad gubernamental. Hay regiones completas con déficit hídrico en Venezuela que serán previsiblemente afectadas si el clima sigue seco durante 2015.

El modelo impuesto en Venezuela está lejos de ser ambientalmente sustentable en la práctica, la degradación, por indolencia y falta de planificación, de nuestras cuencas hidrográficas a lo largo de estos quince años ha tenido un impacto negativo en la generación de energía eléctrica y probablemente incrementará el stress hídrico los próximos años en regiones áridas y en zonas densamente pobladas pero alejadas de las fuentes de agua.

La salud y la economía


Para 2015 se espera un aumento de la presión sobre los sistemas públicos de salud en todo el mundo, y la crisis del sistema de salud tendrá un alto impacto en la economía. El Banco Mundial reporta que la mitad del diferencial de desarrollo entre los países deriva de sistemas pobres de salud pública y la baja esperanza de vida.

¿Cuánto estamos gastando en salud?
El informe señala que entre las principales causas de muerte en los países en desarrollo se encuentran algunas derivadas de condiciones no-comunicadas, las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, las enfermedades respiratorias y la diabetes, por ejemplo.

La morbilidad es distinta dependiendo del nivel de ingresos de las comunidades y de las regiones, entre las regiones más pobres predomina el impacto de la malaria, la tuberculosis, el VIH/SIDA, etc. La epidemia de ébola tiene un aparte específico dentro del documento. Las vacunaciones masivas y la puesta en práctica de estrategias preventivas para la población más vulnerable, especialmente para los niños, se convierte en una importante obligación del Estado.

La tecnología médica ha abaratado y facilitado la prevención, la detección y el tratamiento de muchas enfermedades y condiciones crónicas. El desarrollo de historias médicas electrónicas, tratamientos a distancia, la habilidad de compartir data en línea, se mejora el acceso a la salud.

Venezuela: escasez e indolencia
Escasez, indolencia, opacidad y empobrecimiento es el terrible diagnóstico del estado de nuestro sistema público de salud. El sistema en Venezuela sigue en una profunda crisis, apenas se ha construido algún hospital público, se ha reducido la investigación médica y el desarrollo de tecnologías médicas, lo que se vincula al bloqueo cambiario.

El número de camas habilitadas en los centros de salud pasó de 33 mil para 2008 a apenas 24 mil en 2014. La presión humana ha recaído sobre las clínicas privadas como respuesta social a la crisis del sistema público de salud. La crisis de los “Barrio Adentro” ha convertido muchas de estas estructuras en ruinas o en instalaciones dedicadas a otros fines.

La crisis económica y la indolencia gubernamental han convertido la escasez en una de las características más generalizadas de nuestro sistema de salud. La escasez de insumos y materiales médicos ha llegado a 70%, escaseando accesorios de las unidades de laparoscopia, stent coronarios medicados y no medicados, marcapasos, stent carotideos, fallas de guantes quirúrgicos estériles, cepillos quirúrgicos, batas quirúrgicas, cánulas nasales o bigote nasal, máscaras de oxígeno, resucitadores, material de suturas, grapas, materiales y agentes para esterilización, no hay válvulas para hidrocefalia, ni material de bioseguridad.

No se consiguen medicamentos en los anaqueles
La escasez de medicamentos básicos también se ha generalizado, impidiendo el acceso a medicinas claves incluso para tratamiento de condiciones crónicas. Durante 2014 escasearon antibióticos, antihipertensivos, gases para anestesia, propofol, neostigmina, narcan, streptoquinasa, antineoplásicos, antiretrovirales, eutirox, digoxina, fenobarbital, tegretol y hasta la solución fisiológica y los analgésicos por vía oral.

Por último, la respuesta gubernamental a las epidemias que vivimos en 2014, como lo son la de malaria, la de dengue y la de chinkungunya, ha sido ocultar las cifras y perseguir a los denunciantes. Hay vidas de venezolanos que se han perdido por falta de atención médica oportuna en nuestro país. La crisis económica que se avizora para 2015, y la continuidad de políticas gubernamentales indolentes en materia de salud, ofrecen un escenario de mayor retroceso para el año que apenas comienza. Niños, ancianos, población con condiciones y enfermedades crónicas, la población empobrecida, constituyen los sectores más vulnerables ante esta crisis.

Atisbando el horizonte lejano ¿y Venezuela?


Nanotecnología: una revolución futura
Hay un interesante capítulo dedicado a una prospectiva de los posibles temas futuros, tanteando el horizonte lejano, como me gusta entenderlo. Acá el Informe vuela alto, como temas emergentes, menciona la biología sintética, la interacción cerebro-computadoras, la minería en aguas profundas, la emergencia del poder nuclear y la evolución de la política monetaria, donde señala que se avecina una nueva era para los bancos centrales.

En "mapeando" el futuro se dedica atención al futuro del trabajo, al de la educación y al futuro de internet. Respecto a la educación señala el impacto futuro de la tecnología en los procesos educativos, mencionando la importancia que tendrán de los masivos cursos abiertos on line (MOOOCs), el impacto de una mayor globalización en la educación, la unificación de los estándares como un problema de gobernanza, etc.

Venezuela luce alejada de todas estas transformaciones científico-tecnológicas. No solo hablamos de la destrucción de instituciones científicas de investigación tecnológica, como es el caso de INTEVEP y del IVIC, sino también de la inmensa fuga de cerebros que la destrucción de las oportunidades de desarrollo ha traído.

Un gigantesco contingente de recursos humanos venezolanos, con formación doctoral, con conocimientos, capacidades y habilidades para colocar a Venezuela en la vanguardia regional en ciencia y tecnología, ha terminado fuera del país, desarrollando sus investigaciones, su carrera, en otras latitudes. La pérdida para Venezuela es inconmensurable.

En el mismo sentido, la hostilidad del gobierno nacional contra las Universidades autónomas, nodos de generación de conocimiento, se ha expresado en la reducción progresiva de su presupuesto, en el cerco económico y político que se ha tendido a su alrededor, en un escenario de alta inflación y con una moneda devaluada, lo que ha implicado la desaparición de líneas de investigación, de becas, de actualización tecnológica y de intercambio de conocimiento.

El régimen ha creado un entorno hostil para el desarrollo científico y tecnológico, destruyendo las oportunidades de crecimiento para los profesionales, desestimulando cualquier forma de inversión en I+D, con un régimen cambiario que bloquea el acceso a tecnología y al conocimiento, alejando a Venezuela del cambio tecnológico que se desarrolla en el mundo.

Aislados y en retroceso


Recomendaciones regionales
El informe sobre la Agenda Global 2015 evidencia el aislamiento en que yace Venezuela, el retroceso que estamos viviendo cada día, pero también nos señala un camino de lucha, nos obliga a mirar el horizonte, nos da energías para acometer las transformaciones que nuestro país exige.

En el Informe hay un apéndice dedicado a los más importantes temas regionales. Sobre América Latina se hace énfasis en la atención a los problemas de corrupción, al de la educación, a la necesidad de invertir en habilidades y destrezas para el desarrollo y de asumir políticas específicas para responder al incremento de las desigualdades.

Ante todos estos temas latinoamericanos la posición de Venezuela es de alta vulnerabilidad, nos estamos quedando atrás, más allá de la retórica oficial, de su opacidad y de sus cifras manipuladas. El modelo promueve la corrupción, crea nuevas desigualdades, excluye a niños de la educación, y no invierte efectivamente en políticas que generen capacidades para el desarrollo.

El viraje que Venezuela necesita para retomar la ruta de la modernidad, para incorporarnos con energía al cambio de la Humanidad, para dar un aporte sustancial a nuestra historia, no es un tema baladí, ni un proceso sencillo, pero la viabilidad de nuestro proyecto nacional republicano a largo plazo se decidirá por nuestra capacidad de insertarnos como agentes en las transformaciones que le darán forma al mundo del futuro.