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domingo, 26 de junio de 2016

Con España hemos dado, Sancho

El futuro de España se decide a cuatro voces
Siendo venezolano tengo un especial cariño por España, por su pueblo, por su proceso histórico y por su democracia. Ese afecto no es nuevo. Los lejanos orígenes canarios de mi familia no pesaron mucho en mi crianza pero el impacto de la cultura española no me fue ajeno. En mi casa se hablaba con simpatía de la recientemente estrenada democracia española y de su Presidente Felipe González.

Al entrar en mi adolescencia compartí con hijos y nietos de migrantes españoles, quienes con sus gustos contribuyeron a moldear los míos. Al estudiar historia en la Universidad desarrollé gran interés por la experiencia de la Segunda República Española y la tragedia de la Guerra Civil. Con mis compañeros, futuros historiadores, tuve abundantes discusiones sobre el proceso histórico español. Leíamos con fruición obras clave sobre su historia, con la convicción de que no se puede comprender por completo el devenir de América Latina y de Venezuela sin entender el proceso de construcción de los pueblos ibéricos.

Venezuela en España, España en Venezuela



Tengo la certeza de que este afecto entrañable no me es exclusivo. Venezuela recibió una gran cantidad de exiliados españoles desde el estallido de la Guerra Civil en 1936. Estos inmigrantes enriquecieron y fortalecieron la cultura venezolana, como lo hicieron portugueses e italianos, quienes llenaron nuestras vidas con su comida y sus tradiciones, que se hicieron nuestras progresivamente. Nombres como los de Manuel García Pelayo, Juan David García Bacca y Juan Nuño forman parte integral del pensamiento venezolano. Nuestras universidades, públicas y privadas, no serían las mismas sin el aporte de su pensamiento.

Los estudiantes del 28 apoyaron a la República española
Los venezolanos hemos estado atentos al devenir histórico de España. El estallido de la Guerra Civil española en 1936 dividió el movimiento estudiantil venezolano. La Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV) decidió apoyar a la República, provocando la escisión de estudiantes provenientes de colegios católicos, quienes crearon la Unión Nacional Estudiantil (UNE), simpatizando con Franco y los “nacionales”. Venezolanos fueron a pelear en las Brigadas Internacionales para defender a la República en España. Posteriormente, republicanos exiliados participaron junto con los demócratas venezolanos en las luchas por construir una Venezuela libre y justa.

Durante el trienio octubrista (1945-1948) la Junta Revolucionaria de Gobierno, presidida por Rómulo Betancourt, rompió relaciones con el dictador Francisco Franco y procedió a reconocer el gobierno de la República en el exilio. Un gesto romántico que se cimentaba sobre valores sólidamente establecidos, la naciente democracia venezolana reconocía en la República española un proyecto político hermano.

El proyecto liberal y la democracia española


El proyecto liberal español, que podemos rastrear hasta la Constitución de Cádiz de 1812, tuvo en la experiencia democrática de la Segunda República (1931-1936) un momento estelar, seguido por una tragedia fratricida (1936-1939) y cuarenta años de una dictadura oscurantista que se extendió hasta 1975.

En Venezuela la transición a la democracia en España fue vista con júbilo y esperanza. Hacía apenas diecisiete años habíamos tenido los venezolanos nuestro amanecer libertario. La solidaridad venezolana se expresó tras la muerte de Franco. La amistad entre el Presidente Carlos Andrés Pérez y el líder socialista Felipe González fue un factor puente entre ambos países. Felipe llegó a España en un vuelo presidencial venezolano.

Las últimas cuatro décadas de la historia española constituyen su verdadero período dorado. Económica, social y políticamente el balance de la transición a la democracia en España es positivo. Democracia, sanidad pública, educación pública, bienestar social, libertades públicas, son logros históricos de la sociedad española durante estos cuarenta años. Nunca vivieron mejor los españoles que bajo el régimen democrático.

Una coalición social modernizadora y democrática


La Transición española se convirtió en un modelo para estudiar, y su ejemplo influyó en procesos de democratización posteriores en otras latitudes. Pero quiero hacer énfasis en un actor en especial de este proceso de transformación: el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), liderado por el grupo sevillano y por Felipe González, quien fue jefe de gobierno entre 1982 y 1996. El PSOE se convirtió en el partido por excelencia que consolidó al régimen político democrático que se inició en 1978.


Una generación de españoles estuvo marcada por la dinámica de la transición a la democracia y la modernización de la economía y de la sociedad. Fenómenos como la movida madrileña y el destape, la explosión de creación cultural y artística, transformaron la cotidianidad desde Sevilla hasta Barcelona, y de Valencia hasta Santiago de Compostela. Nuevas luchas, movilizaciones, determinaron la construcción histórica de los derechos de la democracia, incluyendo la sanidad pública, las pensiones no contributivas, el acercamiento a un Estado de Bienestar como nunca lo habían disfrutados los españoles.

Alrededor del PSOE y del liderazgo de Felipe González se aglutinó entonces una inmensa coalición social modernizadora y democrática, comprometida con convertir a la España arcaica del franquismo en un país libre, democrático y moderno. Sus fronteras estaban mucho más allá del “electorado” socialista, incorporando simpatizantes de otros sectores de izquierda y de centro, la progresía madrileña, los sectores medios de las urbes españolas apoyaron a los socialistas en este proceso.

El PSOE se proyectó en repetidas ocasiones como la izquierda posible, como el voto útil, moderado pero reformista, frente al romanticismo del PCE y de IU. De esta manera hegemonizaron los socialistas el espectro político de la izquierda sociológica. Esta coalición urbana, modernizadora y democrática, joven, renovadora, plena de artistas, hombres de la cultura, intelectuales, cuadros medios, funcionarios, brindó repetidos triunfos electorales al PSOE y a Felipe González entre 1982 y 1993.

Había regiones determinantes en esta coalición. Debemos empezar con Andalucía, empobrecida, marcada por el latifundio, con una larga tradición de luchas. De Sevilla procedía el nuevo liderazgo sociata. En segundo lugar es necesario mencionar a Extremadura. En tercer lugar debemos referirnos al peso específico, cualitativo, de los cuadros urbanos de la progresía madrileña.

El otro gran pivote de esta coalición era el Partido de los Socialistas Catalanes (PSC). El socialismo había encontrado un particular equilibrio entre el centralismo franquista y las reivindicaciones de los nacionalismos periféricos. Era el mismo PSC de hecho una coalición progresista con un proyecto modernizador que equilibraba un catalanismo moderado con un socialismo democrático. El PSC se convirtió también en un eje vertebrador del sistema político catalán, en su particular vínculo con el régimen constitucional español de 1978.

¿La agonía?


Aznar gobernó con los nacionalistas en 1996
Esta coalición social empezó a debilitarse a partir de 1993. Durante los últimos tres años del gobierno de Felipe se elevó la tensión y se resquebrajó la base social que el PSOE había construido desde los años ochenta.

Es en ese contexto que llega el gobierno de José María Aznar (1996-2004) con otro programa de reformas, de liberalización económica, de recuperación del empleo, pero también con el quiebre de grandes consensos sociales y políticos que se habían generado desde los Pactos de La Moncloa.

El Partido Popular (PP) había tenido también su particular evolución. Como artefacto político funcionó para integrar a diversos cuadros del franquismo en el sistema democrático y para reconciliar a las bases sociales conservadoras que habían apoyado a Franco con el régimen de 1978. Democratizar a la derecha española, al franquismo, fue un gran mérito del PP en el sistema político. Con Aznar emerge también una nueva generación conservadora, más tecnocrática y con un programa económico liberal, que desarrollaron en sus ocho años de gobierno. El resultado de las elecciones de 1996 obligó al PP a gobernar en coalición con nacionalistas catalanes (CiU), vascos (PNV) y canarios (CC) pero cuatro años después el resultado de una nuevas elecciones permitió un gobierno monocolor negado a dialogar.

La emergencia de nuevas conflictos sociales y políticos durante el gobierno de José María Aznar había contribuido a conformar entonces nuevas coaliciones en la sociedad española. Los nacionalismos periféricos (vasco, catalán, gallego, canario, etc.), que habían gobernado con socialistas y populares en legislaturas previas van a resentirse bajo la mayoría absoluta que Aznar gana en 2000. En esos últimos cuatro años el PP intenta imponer su programa completo, incrementando la conflictividad social y la resistencia de los partidos y movimientos nacionalistas.

El precoz ascenso de ZP


La salida de Felipe González derivó en un difícil proceso de sucesión, incluso generacional, dentro del PSOE. De Josep Borrell a Joaquín Almunia se fue perdiendo la fortaleza de la coalición social modernizadora y democratizadora. El triunfo de José Luis Rodríguez Zapatero parecía ser parte de esta transición dentro del liderazgo socialista, lo que implicaba la superación de la generación de la transición democrática, y el ascenso de una nueva generación, con otros temas y perspectivas que vinculaban la consolidación de la democracia con la emergencia de códigos de cambio sociocultural, de políticas de igualdad que fueran más allá del discurso económico, integrando temas de género, de minorías excluidas, etc.

Pero lo que parecía ser un paso más en una transición interna alcanzó precozmente la jefatura de gobierno. Tras la torpeza del gobierno de Aznar antes los atentados del 11 de marzo de 20o4 el triunfo del PSOE en las elecciones generales fue un cambio inesperado. Rodríguez Zapatero llega a La Moncloa sin que se hubiera consolidado la renovación del proyecto político del PSOE.

El gobierno de ZP estuvo lleno de luces y sombras, con el ascenso de jóvenes socialistas a los altos cuadros del gobierno de España, con políticas de ruptura frente a lo concebido como tradicional, se profundizaron políticas de igualdad, de inserción de la mujer, de reconocimiento a la comunidad LGBTI, de integración de los migrantes, etc. Hubo una renovación rápida en el discurso y en las políticas públicas españolas.

Primer gabinete de ZP
Pero la falta de experiencia pasó factura en algunos temas tradicionales, como la política y la economía. El pase a retiro de la generación de la transición fue demasiado precoz. Con políticos de alto perfil retirándose antes de los sesenta años de edad, se despreciaron una experiencia y un conocimiento muy útiles para la democracia española en momentos de crisis. Bajo ZP no se construyó una nueva coalición sino un conglomerado tenso de políticas y de agendas progresistas dentro de una plataforma diversa que aún no había cuajado por completo.

Estas limitaciones cobraron su factura cuando llegó a España el impacto de la crisis económica mundial de 2008, que se expresó en la crisis del ladrillo, y el derrumbe del sector de la construcción. Los orígenes de la crisis española son previos al gobierno de ZP, y deriva de decisiones tomadas por Aznar para liberalizar las tierras, pero la evasión de la profundidad de la crisis durante la gestión de Rodríguez Zapatero contribuyó a la derrota socialista en 2012 y al ascenso de los populares con Mariano Rajoy.

Por otro lado, es clave mencionar el nuevo papel que los nacionalismos periféricos, frente las limitaciones del nacionalismo español, han jugado en este proceso. Durante la gestión de ZP pareció dejarse atrás la violencia política en el País Vasco, lo que representa un gran avance de la democracia española. Pero las dificultades de los socialistas en Cataluña apenas habían comenzado, pronto el PSC iniciaría su derrumbe al perder su capacidad de manejo del equilibrio entre la política catalana, que viraba hacia el independentismo, y política que se dirigía desde Madrid.

Los indignados y la crisis del proyecto democrático


Indignados en Madrid, 2011
Para el año 2011 ya era imposible eludir que la crisis económica había llegado a España, convirtiéndose en una profunda crisis hipotecaria, la “crisis del ladrillo”. Las presiones de la Unión Europea sobre España se incrementaron, las exigencias de austeridad presupuestaria, lo que implicaba importantes recortes en materia de gasto social del Estado, se convirtieron en temas de debate público cotidiano. Los desahucios contra la población vulnerable, el aumento del desempleo, con más énfasis en el juvenil, incrementaron la conflictividad social y política.

El 15 de mayo de 2011 una plataforma diversa de movimientos sociales y organizaciones inició un conjunto de movilizaciones en varias ciudades españolas, trayendo consigo la aparición de nuevas reivindicaciones sociales con un discurso contra el status quo de la política y de la economía española, una retórica antiestablishment que caló profundamente en varias capas de la sociedad española, con mayor énfasis en quienes habían sufrido lo peor de la crisis, jóvenes, pensionados, articulado rápidamente por las redes sociales, con conexiones con el mundo académico. Acá se estaba armando una nueva coalición social crítica frente a las elites tradicionales, también frente a la institucionalidad democrática española y europea. El Movimiento 15M nace de las entrañas de esta propuesta, aquí están los antecedentes de Podemos.

Reforma pactada de 2011
La presión de la famosa troika sobre el gobierno español arreció. El 23 de agosto de 2011, el Jefe de Gobierno promueve la realización de una reforma constitucional para incluir en la Carta Magna española el tema de los equilibrios presupuestarios y la limitación a los déficits públicos. Fue votada esta reforma tanto por el PP como por el PSOE, contando además con el apoyo de la Unión del Pueblo Navarro (UPN). Al contar con un apoyo abrumador en la cámara no necesitó llevarse a referéndum la reforma.

Este es el ambiente con el que me encontré en España entre 2011 y 2012. Un descrédito profundo contra la elite política tradicional por parte de los más jóvenes, un desprecio también contra la Transición española y contra la institucionalidad democrática que se había logrado construir desde 1978. El discurso del regeneracionismo antipolítico y antipartido crecía como la verdolaga entre los jóvenes que no conseguían una perspectiva de futuro. Como venezolano no pude dejar de percibir en ese discurso analogías con el que existió en la Venezuela de los años 80 y 90. Más de tres décadas después de su transición a la democracia se estaba viviendo un proceso de crisis de legitimidad del sistema democrático español.

Rubalcaba, control de daños
El gobierno de ZP estaba en una prolongada agonía. La campaña de Alfredo Pérez Rubalcaba, de los mejores representantes de la vieja guardia del PSOE, cargaba con un fardo muy pesado. Quedaba fundamentalmente por hacer una política de control de daños para evitar que la crisis arrastrara a todo el PSOE hacia el desastre. Luego tendría que venir la renovación.

Las elecciones de 2012 le dieron una holgada victoria a Mariano Rajoy y al Partido Popular, pero detrás de las urnas electorales se venía conformando un amplio movimiento social que tensaría los límites de la democracia española. El gobierno de Rajoy puso en ejecución todo el proyecto de austeridad fiscal impulsado por la troika de la Unión Europea. La reducción del gasto público, los recortes afectaron a toda la sociedad española. A pesar de la recuperación económica, e incluso de la recuperación de la capacidad de la economía española para generar empleo, el daño social parecía profundizarse en determinados grupos vulnerables, lo que rápidamente pasó a trasladarse a la emergencia de una nueva política. La crisis tuvo una capitalización política y social, un conjunto de plataformas ciudadanas empezó a abrirse paso entre los partidos políticos, frenando desahucios, construyendo nuevas redes.

Sin “café para todos”


Mas y el giro independentista
En Cataluña se vivía un drama muy específico. Los nacionalismos periféricos tenían un lugar privilegiado en el entramado constitucional español. El “café para todos” del Estado de la Autonomías pretendía distribuir los beneficios entre todas las comunidades autónomas, el sistema electoral favorecía la representación de los partidos nacionalistas periféricos (como Coalición Canaria, el Partido Nacionalista Vasco, Convergencia i Unió, ERC, etc.), por encima de partidos con más votación pero repartidos en todo el territorio español (como el PCE y luego IU). Tanto PSOE como PP pactaron en repetidas ocasiones con los nacionalistas para fortalecer su gobernabilidad.


Pero la crisis también rompería este equilibrio, fortaleciendo una nueva emergencia del catalanismo independentista. Una vez que la política catalana gira hacia el independentismo las tensiones empezaron a corroer al Partido de los Socialistas Catalanes (PSC). Incapaz su dirigencia de manejar la tensión entre Madrid y Barcelona empieza a perder su influencia regional, perjudicando fuertemente a todo el PSOE, quien perdería su baza catalana. De ser el principal partido termina descendiendo al quinto lugar. Esta misma deriva llevaría a la ruptura de Convergencia i Unió (CiU) y a un fortalecimiento de la ERC y de la CUP. Pero, a efectos del presente análisis, el impacto central deriva del derrumbe del PSC.

Los actores de la ruptura


Podemos apareció en escena en las elecciones europeas del 25 de mayo de 2014, colándose con 5 escaños. Manejando un discurso contra el establishment político español, una dicotomía que oponía a los de abajo contra los de arriba, los excluidos contra los incluidos, los de fuera contra los de dentro, que contribuyó a capitalizar el descontento con una estrategia de marketing muy efectiva y una organización creciente.

Sostiene un discurso de ruptura con el régimen político democrático que se inició en 1978, insistiendo en repetidas ocasiones en una lectura negativa del proceso de Transición, de los pactos y acuerdos que dieron paso a la democracia en España. Ese rechazo a los acuerdos políticos se corresponde también a una actitud crítica contra la institucionalidad política liberal y la deliberación plural, más allá de la teatralidad de la tertulia televisiva.

Con cuadros provenientes, en primera línea y en un primer momento, del mundo académico, con amplia presencia de profesores de la Universidad Complutense de Madrid, supieron aglutinar la base sociológica de los indignados, y del Movimiento 15M, que se había lanzado a las calles tres años antes.

Ha sido un movimiento pragmático en sus alianzas, tanto para financiarse como para proyectarse, sin tener escrúpulos de buscar recursos del régimen autoritario venezolano como para conseguir un canal en alianza con el régimen islámico de Irán.

Asimismo, ha construido redes de alianzas locales y regionales, manejando un discurso ambiguo frente a temas complejos, mientras se conecta con coaliciones de ciudadanos que manejan dicotomías similares. Así, a pesar de no participar directamente en las Elecciones Municipales de 2015, supieron cosechar resonantes éxitos de sus “aliados” o compañeros de ruta en Barcelona, con Ada Colau, y en Madrid, con Manuela Carmena, entre algunas otras importantes.

En algún momento quiso evadir la dicotomía izquierda-derecha para consolidarse como fuerza anti status quo en la más fructífera de abajo-arriba, pero decidió emplear una identidad “socialdemócrata” para absorber el espectro sociológico de la izquierda. La alianza con Izquierda Unida termina con configurar este perfil.

El otro nuevo actor es el movimiento Ciudadanos. Tuve oportunidad de conocerlos como partido político catalán en 2011 y 2012. En Cataluña el movimiento Ciutadans (C’s) asumía una posición de centro, moderado, que defendía que la identidad catalana existía dentro de la identidad española, y no en oposición a ella. Defendía la educación en castellano al mismo nivel que la que se realizaba en catalán. Estas políticas eran calificadas de “derecha” por una parte importante de la opinión pública catalana.

Ciudadanos estuvo cerca de construir una alianza con la Unión, Pueblo y Democracia (UPyD) de Rosa Díez en elecciones previas, en un intento de crear un nuevo centro político que rompiera la polarización española entre el PP y el PSOE. La incapacidad de construir esa alianza y la proyección de Ciudadanos hacia toda España terminó de sentenciar la decadencia de UPyD.

Con Albert Rivera a la cabeza Ciudadanos ha tratado de configurarse como una fuerza del centro político, abierta a alianzas tanto con el PP como con el PSOE. Su resultado electoral estuvo muy por debajo de lo que las encuestas proyectaban. Al parecer el electorado popular, del que parecía alimentarse, se nuclea en las coyunturas electorales, más allá de los escándalos de corrupción.

Más allá del sorpasso


El PSOE  se juega el futuro
Las elecciones de diciembre de 2015 dejaron abierto un escenario inédito en la democracia española. De un sistema bipartidista sui generis, por la presencia de los partidos nacionalistas como recurrentes aliados, se pasó a un escenario con cuatro partidos fuertes, pero con grandes dificultades para constituir gobierno.

El Partido Popular, a pesar de haber perdido muchos escaños y votos, parece encontrarse en relativa comodidad como primera fuerza, aunque no pueda formar gobierno. Lo más probable es que el 26 de junio sea la fuerza más votada, contando con un electorado más leal, teniendo el control de su espectro político y de su base sociológica.

Lo que hay que tener claro es que la pelea del domingo es por el electorado progresista español, por la base sociológica de la izquierda, es allí donde las mutaciones están ocurriendo con rapidez. Los cambios en ese espectro pueden tener un impacto decisivo en el sistema democrático español.

Parece ser Podemos, ahora en alianza con Izquierda Unida, la más importante amenaza para el sistema, justamente amenazando con desplazar al PSOE del segundo lugar. En las elecciones de diciembre el avance de Podemos se realizó a expensas del electorado tradicional del PSOE. Los socialistas quedaron desplazados por Podemos entre el electorado urbano de las principales ciudades, así como entre los sectores más jóvenes, de donde se reclutan los principales cuadros de los partidos progresistas.

Pedro Sánchez (PSOE) se encontró en un difícil predicamento luego de las elecciones de diciembre. Podemos se estaba comiendo su electorado desde abajo. Eso determinaba el margen de maniobra de Pedro Sánchez. Si apoyaba en Rajoy en una gran coalición como la alemana, podía terminar como el PASOK griego, perdiendo toda su base electoral a manos de su competidor de izquierda. Pero lo mismo podía ocurrir si se aliaba con Podemos contra Rajoy. Intentó Sánchez infructuosamente construir alianzas a tres a su alrededor, incorporando a Ciudadanos. Pero fue infructuoso. Se hizo inevitable una nueva elección.

Claramente el objetivo a corto plazo de Podemos no es derrotar al PP ni sustituir a Mariano Rajoy en La Moncloa, sino desplazar al PSOE en el electorado de la izquierda española. La alianza con Izquierda Unida apunta en esa dirección. De lograr el sorpasso solo sería cuestión de tiempo para que Pablo Iglesias gobierne España desde La Moncloa.

El ascenso de Podemos puede convertirse en el inicio del fin del régimen democrático derivado de la Transición. A pesar de que ha insistido últimamente en mostrar un perfil socialdemócrata su programa económico no es claro, aunque parecen reivindicar las reformas iniciales de los griegos de Syriza, así como muestra admiración por el régimen venezolano.

En manos del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) se encuentra la defensa de la democracia española, de los avances que se han venido construyendo social, política y económicamente, y también la posibilidad de avanzar en una reforma sustancial, progresista, modernizadora, del pacto constitucional que une a los españoles. En materia de la reforma del Estado de las Autonomías ha propuesto el PSOE la creación de un Estado Federal. La apuesta por una izquierda responsable ha sido siempre la baza central del PSOE de la democracia. Esta es la encrucijada en que se encuentra España. En pocas horas veremos hacia donde se dirige la voluntad de los españoles.


Palacio de La Moncloa
Sobre España escribo desde el afecto, desde la cercanía, por las relaciones históricas que nos vinculan de ambos lados del Atlántico. Quienes luchamos por la democracia somos compañeros donde quiere que estemos. Permaneceremos pendientes.

domingo, 12 de junio de 2016

Tentaciones peligrosas: ¿ajuste económico sin cambio político?

Grupos violentos agreden al jefe de la fracción  democrática
En medio de la peor crisis de nuestra historia se abren dos frentes de tensión y conflicto, uno derivado de la escasez de alimentos y medicinas, otro vinculado con el impulso que las fuerzas democráticas otorgan a la convocatoria del Referéndum Revocatorio como mecanismo, constitucional y democrático, para sustituir a los responsables de la crisis por un nuevo gobierno, democráticamente electo, alternativo, renovador.

La respuesta del gobierno ha sido sistemática, violencia política, humillación pública contra los hambrientos, persecución contra la disidencia, postergación del referéndum revocatorio y montaje de un proceso de “diálogo” diseñado para ganar tiempo y apaciguar unos ánimos legítimamente caldeados.

Violencia política, represión y humillación: la respuesta gubernamental


Valera: represores rodeados por una comunidad hambrienta
Una manifestación de diputados opositores a las puertas del Consejo Nacional Electoral es respondida violentamente por grupos oficialistas, “colectivos”. Terminando el hecho con el líder de la bancada democrática herido con un objeto contundente. Ni una palabra de la Presidenta del CNE, Tibisay Lucena, lamentando los hechos y rechazando la violencia desatada contra los diputados.

La fracasada instauración de los CLAP, con los que el gobierno pretende discriminar políticamente la distribución de alimentos básicos en las comunidades, se ha desarrollado mientras en sectores populares tan distintos como las caraqueñas comunidades de Catia o La Vega, como la comunidad mirandina de Petare, como los pueblos de Cariaco o San Juan de Los Morros, la gente sale a la calle a exigir masivamente comida. La respuesta gubernamental ha sido represión y humillación. No hay producción de alimentos para surtir de alimentos a Venezuela, ni existen divisas suficientes para importarlos.

Un salvavidas de cemento


Leonel Fernández metió el tema económico en el diálogo
Está claro que el experimento del “diálogo” impuesto por el gobierno autoritario pretende apaciguar el conflicto político, pero ha sido aprovechado para traer a la luz pública una especie de “salvavidas”: un Plan de Ajuste económico impulsado por algunos sectores de UNASUR, con colaboración de algún “facilitador” amigo del gobierno y la experticia técnica de economistas reformistas dispuestos a colaborar con la presente elite gobernante a sortear la crisis.

Pero, ¿puede este gobierno autoritario desarrollar la reforma necesaria para sacar a Venezuela de la crisis? ¿Pueden separarse las reformas económicas de las reformas políticas e institucionales necesarias para permitirle al país recuperarse? ¿Tiene el actual gobierno y los actuales detentadores del poder la legitimidad necesaria para aplicar efectivamente los cambios? ¿Quiénes pagaran los costos de un plan de ajuste? ¿Serán efectivas las reformas económicas si se mantiene el actual régimen autoritario?

No faltará quien perciba detrás de los bigotes de Nicolás Maduro a un moderno Adolfo Suárez, quien construyó la transición democrática desde el franquismo, otros podrán ver en un Aristóbulo Istúriz el perfil de un modernizador económico, de un nuevo Deng Xiao Ping versión criolla. No voy a criticar esas esperanzas, pero voy a alertar respecto a algunas limitaciones importantes para que este optimismo tenga asidero.

Política y economía: una sola realidad


Una Venezuela empobrecida e impaciente
He venido insistiendo en el hecho de que la transición venezolana tendrá que ser, a la vez, tanto política como económica, en la medida en que Venezuela ha de salir de un régimen fundamentalmente autoritario como de una institucionalidad económica extractiva, marcada por controles férreos que inhiben la iniciativa productiva autónoma.

El contexto de este proceso también es determinante. El empobrecimiento del 85% de la población, la escasez de alimentos y medicinas que se convierte en una creciente conflictividad social. Cada día hay enfrentamientos, protestas, por hambre, por razones laborales, algunas se convierten en saqueo. La reducción progresiva de la capacidad del Estado para asegurar un orden público es el correlato de una creciente pérdida de legitimidad del poder político.

El problema social y económico en Venezuela es fundamentalmente político, en sus causas y en los rasgos de su agudización. La red de mafias que se enriquecen con la crisis es un fenómeno del poder, y sin desmontar esos negocios derivados del control político, no podrá funcionar la sociedad venezolana. En este contexto la reconstrucción económica de Venezuela no se separa de la reconstrucción institucional, tanto social como política. No es posible abstraer un plan de ajustes económicos, con su impacto social sobre los sectores más vulnerables, del problema de legitimidad política que debe asumir quien pretenda desarrollarlo.

El problema de la legitimidad perdida


¿Tiene legitimidad para encabezar un viraje reformista?
El plan de ajuste económico no puede desarrollarse desvinculado con un cambio sustancial en la correlación y en el funcionamiento del poder. El gobierno de Nicolás Maduro ha perdido su legitimidad. Sin legitimidad las reformas económicas no tendrán gobernabilidad, por ende, su sostenibilidad en el tiempo será corta.

Durante los años ochenta crisis económicas profundas, marcadas por la hiperinflación y el endeudamiento, marcaron la vida de muchos países latinoamericanos. Los regímenes autoritarios, que dominaban a países como Argentina y Brasil, fueron incapaces de enfrentar estas crisis, fundamentalmente por arrastras un grave déficit de legitimidad política.

Bajo un régimen autoritario la gobernabilidad de las reformas se dificulta. Las nuevas democracias latinoamericanas tuvieron que dar la cara por el proceso de reformas del Estado.

En el caso venezolano la tentación tecnocrática de separar metodológicamente el cambio económico del político puede tener graves implicaciones. Pretender postergar el cambio político por adelantar el cambio económico, puede derivar en un retroceso en ambos ámbitos, el impacto social de las reformas encontraría a un gobierno sin legitimidad, sin credibilidad interna o externa, con una conflictividad social creciente y una escalada represiva que pondría agua en el molino de la autocratización.

 Flor de un día.., envenenada


Sin Revocatorio no hay reformas sostenibles
De igual manera, puede ser el Plan de Ajuste flor de un día, en caso de que no venga acompañada de la democratización del sistema, porque en la medida que un programa de apertura y liberalización económica se desarrolle empieza a encontrarse con férreas resistencias en las elites políticas, en la nomenklatura que se beneficia del antiguo régimen. Los reformistas y modernizadores, aliados del régimen autoritario, se enfrentarán a un dilema difícil de resolver, pueden optar por detener las reformas a las puertas de los intereses creados, conviviendo y coexistiendo con la corrupción y el autoritarismo, o bien pueden proceder a impulsar la democratización del sistema, con la dificultades inherentes a haber pasado por su pasantía colaboracionista con el régimen. Si no pueden estos tecnócratas superar este dilema serán despachados rápidamente por otros sectores del poder, por otras facciones, por otras tribus.

La tentación central de los tecnócratas, y de aquellos políticos que pretendan sumarse, es la de desarrollar un Plan de Ajuste económico postergando la transición política, permitiendo o aupando la postergación del Referéndum Revocatorio. Caer en esa tentación podría hundir a estos personajes junto al régimen autoritario, cual el mortal abrazo del oso, sea a corto plazo o a mediano plazo.

 Asumir la complejidad de las reformas


Ante la complejidad
A quienes, dentro del chavismo, reconocen la profundidad del desastre económico y social, y creen que es imprescindible una reforma estructural, podría darles una recomendación: impulsen el Revocatorio para 2016, promuevan que se le coloque fecha próxima a su realización. Construyan los puentes necesarios para la reconstrucción del tejido social, preparándose para abandonar el poder.


Quienes diseñen el Plan de Reformas deben asumir la complejidad del cambio que Venezuela necesita y exige, salir del régimen autoritario y superar un modelo económico destructivo, es un proceso simultáneo. No se puede pretender acabar con uno sin demoler al otro. Cuidado con caer en tentación.

domingo, 5 de junio de 2016

Tic-tac-tic-CLAP: los Juegos del Hambre de Venezuela

Discriminar el hambre y la escasez
Nada de esto es una sorpresa sino la consecuencia de la destrucción. Hemos pasado del desabastecimiento a la escasez. El fantasma del hambre cubre con su sombra a Venezuela entera. Con el hambre llega la desesperación, el abuso, la indignación y la protesta. El gobierno tendrá que aprender por la mala que con el hambre de la gente no se juega.

La semana pasada llegó la legítima indignación pública a unas pocas cuadras del Palacio de Miraflores. Hombres y mujeres hambrientos protestaron en la Avenida Urdaneta y en la Avenida Fuerzas Armadas, mientras elementos de los colectivos atacaban a los periodistas que pretendían dar la noticia.

El reloj está corriendo, tic-tac-tic-tac, y la explosión ahora ocurre a diario, en los sectores populares, en todo el país. Desplazar el conflicto no evitará el estallido, lo colocará en las bases de un edificio que se desploma ladrillo a ladrillo.


Las colas del hambre


Indignados y hambrientos en las colas
Largas colas han crecido a las puertas de supermercados, panaderías, abastos y farmacias, hombres, mujeres, niños, ancianos, uno detrás del otro, se colocan a las puertas de estos establecimientos desde la madrugada. Sin saber que esperar, sin tener idea de lo que han de encontrar, “a ver que llega” dirá algún alma desesperada.

A cierta hora llegan unos motorizados, los “colectivos”, a imponer su “orden”, llegan nuevos abusos, pasando por encima de la multitud que ha hecho su cola pacientemente incorporan una lista de “su gente”. Grita un motorizado “acá hay 50 antes de la señora”. Llegan en tropel, hay tensión, pero pocos se atreven a protestar. Los primeros en entrar se llevan el grueso de la mercancía, los productos regulados desaparecen en poco tiempo. Pronto serán los bachaqueros quienes los venderán en espacios clave, en la Redoma de Petare, por ejemplo.

Este es el primer escenario de conflicto. Las colas han sido lugar de encuentro de una población hambreada e indignada, cada día más hastiada del abuso. Allí se ha incrementado la irritación, la ira popular, al mismo ritmo en que han desaparecido productos básicos para la vida cotidiana, la leche, el arroz, la harina de maíz.

Las alturas del poder


¿Cómo se ve el hambre desde arriba?
En las alturas del poder, en Miraflores, en Fuerte Tiuna, han venido monitoreando la situación. A pesar de que sus neveras están llenas saben que la escasez de alimentos y medicinas reina en las calles de Venezuela.  Son los responsables del hambre, son quienes hicieron negocios con la destrucción de la producción nacional.

Entre los pasillos del poder circulan quienes importaron alimentos para PDVAL, quedándose con los dólares, y dejando corromper la comida en el puerto. Por esos mismos rincones del poder pululan los responsables de tantas expropiaciones, los que dijeron que importarían medicinas para quedarse con el dólar preferencial que les facilitaba un alto pana.

El hambre del ciudadano común es apenas daño colateral del mórbido enriquecimiento de la pequeña nomenklatura. Se enriquecieron con el hambre de las mayorías, pero ahora están preocupados. Tic-tac-tic-tac, vienen por ellos, lo intuyen, el aire se siente distinto, es una sensación en la boca del estómago que no logran ocultar con ningún elixir exótico.

El cuero seco se levanta


El hambre y la protesta en el centro de Caracas
La expansión del hambre ha traspasado la raya amarilla, aquella frontera que separa el miedo de la indignación desesperada y la ira popular. Entre enero y abril de este año más de dos mil protestas registradas cubrieron a Venezuela. En los primeros cinco meses de 2016 los saqueos, frustrados o efectivos, han superados los dos centenares.

Las cifras de lo ocurrido entre marzo y abril son dramáticas. Solo en el estado Miranda saquearon tres camiones y hubo dos intentos de saqueo en locales de alimentos. En Zulia saquearon cinco camiones, dos farmacias, y ocho locales de venta de alimentos, intentando saquear una más.

En oriente el fenómeno es similar, en el estado Sucre, uno de los más pobres del país, saquearon cinco camiones, intentando saquear un sexto sin éxito, así como intentaron saquear un local de alimentos. En Aragua, Falcón, Portuguesa y Cojedes saquearon un camión que cargaba comida en cada estado. En Guárico fue un local de alimentos el saqueado.

Periodistas agredidos para silenciar a los medios
En Caracas se registró el saqueo en un local de alimentos, pero fueron cuatro los intentos, en mayo saquearon un camión. En Apure tres camiones. En Lara un camión y un intento de saqueo en un local de alimentos. En Bolívar un intento en un lugar de venta de alimentos. En Anzoátegui saquearon dos camiones y hubo un intento de saqueo en un local de alimentos.

En Nueva Esparta hubo un intento de saqueo en un lugar de venta de alimentos. En Carabobo fue un camión y un intento en un local. En Trujillo un camión saqueado, y en Táchira un local de alimentos, junto con dos intentos, uno de saqueo de un local de alimentos y otro de un camión. Estas son apenas cifras preliminares del Observatorio Venezolano de la Conflictividad Social.

La respuesta del gobierno ha sido una mezcla perversa de represión y humillación. Mientras bloquea la posibilidad de una salida constitucional y democrática a la crisis política se dedican a reprimir las protestas sociales asociados con el hambre y la escasez de medicinas. Disfrazada de una extensión de las OLP se activa un aparato represivo nacional militarizado.

Los CLAP llevarán el conflicto a cada comunidad


El Ministro del hambre
Sabiendo que no puede resolver el problema de la escasez en el corto plazo el gobierno ha decidido, irresponsablemente, desplazar el escenario del conflicto de las colas en los establecimientos al seno de cada comunidad. Queriendo ver desaparecer las colas activaron los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), coordinados por los impopulares Consejos Comunales, para repartir unas escasas bolsas de comida.

Múltiples escándalos de corrupción circulan alrededor de los Consejos Comunales, robo de recursos, enriquecimiento de unos pocos a partir de la explotación de las necesidades de muchos. Nuestras comunidades populares son cada día más diversas, política y culturalmente, no así estas instituciones. Los Consejos Comunales fueron concebidos como instrumento de construcción de una nueva hegemonía política. Los reconocidos por el gobierno están vinculados al chavismo. Sobre ellos caerá la terrible responsabilidad de construir las listas para la distribución de las bolsas de comida.

¿Todo para los CLAP?
Está claro que no habrá comida para todos, y las bolsas probablemente quedarán distribuidas entre aliados y amigos locales de los miembros del Consejo Comunal, el primer círculo de distribución será para los camaradas del PSUV. Para los demás, las grandes mayorías, queda el hambre y el abuso de los bachaqueros. Hacia la comunidad local se está desplazando el conflicto por los recursos limitados, quienes diseñen la lista recibirán la presión de los excluidos, de los hambrientos.

Las Fuerzas Armadas tendrán la otra pata de este sistema de distribución local de alimentos, más allá de la retahíla de ministerios de los despachos oficiales, serán los verdes quienes manejaran la movilización de la comida. Entonces, sobre unas Fuerzas Armadas corrompidas por múltiples negocios y sobre las organizaciones locales del chavismo caerá esta última etapa de la crisis. Ellos serán los encargados de la distribución. Los verdes harán negocios y los rojos distribuirán el hambre. La frase “el que parte y reparte se lleva la mejor parte” tendrá una terrible vigencia.

.., la mano del que te da de comer


¿Chantaje con la comida?
El otro factor que es imprescindible tomar en cuenta es el mecanismo de control político y social que pretenden tener los CLAP sobre la sociedad. Obligar a todos a comer de una misma mano es el sueño del totalitarismo chavista. En medio de un escenario político de confrontación, impregnado de fuerzas crecientes que pugnan por construir un cambio hacia la democracia, la perversa tentación de chantajear políticamente a la población con la comida se convierte en un tema central.

Esto constituye una humillación aberrante que exacerbará los conflictos dentro de las comunidades. La discriminación política para repartir alimentos, en un escenario donde se colocarán alcabalas para detener el cambio político, bajo la forma de recolecciones de firmas, y reafirmazos, de amenazas contra empleados públicos, funcionarios y “beneficiarios” de los decadentes programas sociales del chavismo, generará más indignación que sometimiento.

A lo largo de estos 17 años el chavismo ha apelado a diversas formas de chantaje y de control político para establecer la sumisión social. Ante el reto del 2003 y 2004 las Misiones Sociales fueron usadas para controlar a la población, encuadrándola, controlándola, para ganar el Revocatorio de 2004.

A los excluidos: represión
Pero el escenario actual es distinto, por dos razones fundamentales. Primero, porque la escasez de alimentos y medicinas que sufrimos actualmente, representa la crisis más profunda de nuestra historia contemporánea, por lo que no estará el gobierno abasteciendo comida sino distribuyendo hambre. Y segundo, por el factor esperanza, me explico, si algo ha logrado remover el resultado electoral del 6 de diciembre y la campaña por el Referéndum Revocatorio es la indefensión aprendida que el chavismo había implantado. Con unos escasos ingresos petroleros y con la percepción mayoritaria de que cualquier escenario electoral terminaría con un fracaso para el gobierno, el factor esperanza puede ser más efectivo que el chantaje por hambre.


¿Podrán contener la esperanza?
En resumen, la acción irresponsable de intentar trasladar el conflicto por la comida al seno de cada comunidad, tendrá un efecto terriblemente corrosivo en Venezuela. No podrán los CLAP distribuir alimentos inexistentes, porque no se ha aumentado la producción ni hay divisas para importar, por lo que solo distribuirá localmente más hambre y miseria. El enfrentamiento entre incluidos y excluidos se instalará alrededor de quien escriba la lista. Se ha colocado en manos de los militares y de las organizaciones locales del chavismo, una bomba de tiempo activa y potente. Son los Juegos del Hambre en Venezuela, y el gobierno es el responsable central. Tic-tac-tic-tac…